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Archivo para 27 Mayo 2008

“Estad siempre a disposición de todos”

lunes, 26 de mayo de 2008
OpusDei.es

Fuente: Almudi.org


Predicación del Prelado del Opus Dei a los sacerdotes, familias y fieles que asistieron a las ordenaciones sacerdotales celebradas el 24 de mayo de 2008 en la basílica de San Eugenio.

Queridos hermanos y hermanas. Queridísimos ordenandos.

1. Hoy se celebra en la diócesis de Roma la solemnidad litúrgica del Corpus Christi. A la alegría que llena a la Iglesia en esta fiesta tan grande, se añade otro motivo de gozo: la ordenación sacerdotal de treinta y seis diáconos de la Prelatura del Opus Dei, procedentes de quince países.

La primera lectura de la Misa, tomada del libro del Deuteronomio, nos ha hecho escuchar de nuevo las palabras de Moisés al pueblo, antes de entrar en la tierra prometida. El gran caudillo de Israel recuerda los prodigios realizados por el Señor: la liberación de laAlmudi.org - El Prelado impone las manos a Iñaki Landa esclavitud de Egipto, el paso del Mar Rojo y, sobre todo, la peregrinación por el desierto. Acuérdate de todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer por el desierto durante estos cuarenta años[1] .

¡Acuérdate! También nosotros debemos recordar frecuentemente los beneficios que Dios nos ha concedido y darle gracias. Entre esos beneficios, destaca hoy, insisto, el regalo de los nuevos sacerdotes. Don, en primer lugar, a la Iglesia y a toda la humanidad; pero don también a las familias, que, con la ordenación de sus seres queridos, reciben una prueba más del particular cariño con que Dios los ha amado.

Naturalmente, mi gratitud se dirige en primer lugar a la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones; pero se dirige también a las familias de los nuevos presbíteros, por cómo han cooperado con la gracia de Dios -colaboración que no debe cesar después-, a fin de que la semilla de la vocación sacerdotal pudiese arraigar en el alma de estos hombres. Sigamos rezando por ellos y por todos los ministros de la Iglesia, en primer lugar por el Papa Benedicto XVI y por los obispos en comunión con él. Pidamos a Jesucristo, Sacerdote eterno, que suscite en todo el mundo muchas vocaciones sacerdotales. Impetrar este don es tarea y responsabilidad de todos los fieles, porque el sacerdocio ministerial es absolutamente necesario para la vida de la Iglesia y para el cumplimiento de su misión en el mundo.

2. Pero volvamos a las palabras de Moisés en la primera lectura. No te olvides del Señor, tu Dios. Él es el que te sacó del país de Egipto, de la casa de la esclavitud; el que te ha conducido por el desierto grande y terrible, con serpientes venenosas y alacranes, por un secarral en el que no hay agua[2] . Esta descripción, ¿no es acaso una imagen de nuestra peregrinación terrena, mientras nos encaminamos a la morada celestial? Sí. También nosotros hemos sido arrancados de la tiranía del pecado mediante los sacramentos del Bautismo y de la Penitencia; también nosotros hemos sido fortalecidos por el Espíritu Santo en la Confirmación, de modo que podamos derrotar al demonio y al pecado, simbolizados por las serpientes y los escorpiones; también nosotros caminamos por un terreno espiritualmente árido, pero la gracia de Dios -como rocío celeste- no nos falta nunca. En efecto, como recuerda Moisés, el Señor es el que hizo brotar para ti agua de la roca de pedernal, el que te alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres[3] .

En esa agua de la roca, en aquel maná que bajó del cielo, los Padres de la Iglesia han reconocido un anuncio de la gracia del Espíritu Santo, capaz de hacer germinar la tierra árida y secaAlmudi.org - Mons. Javier Echevarr�a abraza al filipino Anthony Reyes; una prefiguración del sacramento de la Eucaristía, en el que Cristo nos ofrece su cuerpo y su sangre, verdadera comida y verdadera bebida para la salvación de nuestras almas y del mundo entero. El mismo Jesús, después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, a quienes le pedían el alimento material, les responde: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que Yo daré es mi carne para la vida del mundo[4] .

Es lo mismo que la secuencia Lauda Sion, propia de esta solemnidad, expresa con una riqueza especial: ecce panis angelorum, factus cibus viatorum, vere panis filiorum, non mittendus canibus[5] ; he aquí el pan de los ángeles, pan de los peregrinos, verdadero pan de los hijos: no debe ser tirado.

Demos, pues, gracias a Dios con la oración de alabanza que nos propone el salmo responsorial: lauda, Ierusalem, Dominum; collauda Deum tuum, Sion[6] . Glorifiquemos al Señor, agradezcámosle todas las maravillas que ha realizado en favor de su pueblo, y tratemos de prepararnos cada día mejor para recibir la Sagrada Comunión, mediante la purificación frecuente de nuestra alma en el sacramento de la Penitencia. Formulemos al mismo tiempo el propósito de hacer un apostolado constante de la Confesión y de la Eucaristía.

3. Me dirijo ahora más explícitamente a vosotros, queridos diáconos, que dentro de pocos minutos os convertiréis en sacerdotes de la nueva y definitiva Alianza sellada sobre el Calvario con la sangre de Cristo. A vosotros, hijos míos, la Iglesia os confía la atención pastoral de todos los fieles, especialmente de los de la Prelatura y de cuantos se acercan a los apostolados buscando una ayuda espiritual. Seréis dispensadores de los misterios de Dios. Con San Josemaría, nuestro amadísimo Fundador, os recuerdo que el sacerdote es juez, médico, maestro, padre y pastor.

Seréis jueces, en el nombre y con la autoridad de Jesucristo: perdonaréis los pecados en el sacramento de la Penitencia, tribunal, de segura y divina justicia y, sobre todo, de misericordia[7] . Como hemos aprendido de San Josemaría, mostraos siempre disponibles para administrar este santo sacramento.

En él seréis también médicos de las almas; podréis curar las enfermedades espirituales, fortalecer a los débiles, dirigir a innumerables personas por las vías del cielo.Almudi.org - D�a de fiesta grande en las familias Para cumplir bien y de modo eficaz esta tarea, os exhorto con nuestro Padre a actuar con mano maternal, con la delicadeza infinita de nuestras madres, mientras nos curaban las heridas grandes o pequeñas de nuestros juegos y tropezones infantiles[8] .

Seréis maestros, en la catequesis y en la predicación, que serán, por tanto -como decía San Josemaría- una de vuestras pasiones dominantes. Cultivad el deseo de dar a conocer la doctrina cristiana, secundando fielmente y en todo momento el magisterio de la Iglesia.

Seréis padres de las almas. El sacerdote, en efecto, hace nacer a los hijos de Dios en el seno de la Iglesia, mediante el Bautismo; los devuelve la vida divina y alimenta en ellos esta vida, con los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía; es capaz de ofrecer -en la dirección espiritual- los buenos consejos de una madre y de un padre; y, en el momento de dejar este mundo, acompaña el cuerpo a la sepultura, en espera de la resurrección de la carne, mientras sigue al alma hasta la morada celestial con sus oraciones.

Seréis pastores, a semejanza de Cristo, buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas. Así vosotros, impulsados por la caridad pastoral, estad siempre a disposición de todos, sin reclamar ningún derecho; gastaos con alegría en el servicio de las almas.

4. Antes de terminar, hago mías las recomendaciones del Santo Padre Benedicto XVI durante una ordenación sacerdotal que confirió hace pocas semanas.

«Queridos Ordenandos -así se expresaba el Papa-, en el futuro deberéis volver siempre a este momento, a este gesto que no tiene nada de mágico y, sin embargo, está lleno de misterio, porque aquí se halla el origen de vuestra nueva misión. En esa oración silenciosa tiene lugar el encuentro entre dos libertades: la libertad de Dios, operante mediante el Espíritu Santo, y la libertad del hombre (…). La Iglesia, personificada por el obispo, que está de pie con las manos extendidas, pide al Espíritu Santo que consagre al candidato; el diácono, de rodillas, recibe la imposición de las manos y se encomienda a dicha mediación. El conjunto de esos gestos es importante, pero infinitamente más importante es el movimiento espiritual, invisible, que expresa; un movimiento bien evocado por el silencio sagrado, que lo envuelve todo, tanto en el interior como en el exterior»[9] .

Dentro de poco impondré las manos sobre cada uno de vosotros, rezando en silencio. Luego invocaré al Paráclito en la oración consacratoria, con la que Dios hará de vosotros sacerdotes de Jesucristo para siempre. Estad seguros de que todos los presentes, y muchas otras personas en el mundo entero, os acompañan con sus oraciones.

Unámonos de todo corazón a la plegaria del Santo Padre por la Iglesia en China; meditemos sus palabras y pidamos al Señor que escuche sus súplicas.

Confiamos estos hermanos nuestros a María, Madre de los cristianos y, de modo particular, Madre de los sacerdotes: que Ella los acoja especialmente como hijos suyos amadísimos, del mismo modo que acogió a San Juan, el discípulo amado, bajo la Cruz de Jesús. Así sea.

Las nuevas tecnologías: quién utiliza a quién

martes, 27 de mayo de 2008

Gaceta de los Negocios

Fuente: Almudi.org


Las renovadas posibilidades de ocio y entretenimiento, unidas a la cultura de la imagen y a la eficacia del marketing y la publicidad, han convertido el consumo de bienes y servicios en causa de patología.

Terapia en familia

Cuando en la familia se produce un problema de adicción -del trabajo al alcohol-, hay que plantar cara al asunto de forma directa.

Aquilino PolainoEn el caso de adiciones a Internet -o a los chats por parte de adultos-, las primeras en actuar son las mujeres. Localizado el problema, hay que acudir a terapia y comprobar si existe algún tipo de trastorno psiquiátrico previo que pueda explicar la adicción (trastornos de personalidad, depresiones, personalidad obsesiva o inseguridades básicas).

Si es así, la medicina puede ayudar a resolver el asunto. Si, por el contrario, se ha llegado a la adicción por la vía de los hechos consumados, hay que poner los medios necesarios para atajar los problemas.

Aquilino Polaino, catedrático de Psicopatología de la Universidad San Pablo CEU, explica que “la falta de estructuras claras que sostengan al núcleo duro de la familia, expone a todos sus miembros a las nuevas adicciones”.

Criterio para elegir

“El gran problema -dice Polaino- es que apenas existe ‘conciencia crítica’. El ‘voy a ver lo que hay’ no tiene ningún sentido, porque lo que hay en la Red es inconmensurable. Hay que tener criterio para elegir; y no es sólo un problema de adolescentes, es un reto para los adultos”.

Los adictos adultos son muchas veces sujetos obsesivos, y muy difícilmente admiten tener un problema. Además, si lo admiten, no lo reconocen ante las personas que podrían ayudarles, porque lo consideran humillante.

La familia juega un papel fundamental, porque es la que puede aportar, tanto al afectado como al especialista, la información necesaria para comenzar a reconocer el problema y, por tanto, empezar a resolverlo.

Lo que pasa es que “manejamos a manos llenas una tecnología para la que no hemos sido educados: las cosas van tan deprisa que hemos pasado del taparrabos al ordenador”.

No hay profesores que enseñen a los jóvenes o adultos a manejar la era del chip, y la persona funciona por el sistema del ensayo error que tantas víctimas causa y ha causado a lo largo de la historia. “No hay ética del aprendizaje en este mundo, es un campo virgen”.

Medidas preventivas

Polaino, que es también experto asesor familiar, enumera algunos principios básicos para afrontar el peligro que Internet puede suponer en un padre de familia: “no usar, salvo caso de necesidad; no estar ‘enganchado’ más de una hora seguida; no dedicar más de una hora al día y buscar alternativas de ocio; colocar el ordenador en lugar de paso; procurar cambiar tiempo de conexión por conversaciones con el resto de miembros de la familia; y, si se intuye que Internet es un problema, desinstalarlo durante un mes”.

“La adicción -continúa-, es un problema de libertad perdida y, sin libertad, es imposible dirigir tu vida. Si se admite este punto, se puede empezar una terapia para superarla”.

Después, evidentemente, hay que poner los primeros auxilios: cortar radicalmente con el foco de adicción y dejarse controlar por los que pueden ayudar.

Arzobispo peruano desterrado hacia beatificación

Mons. Emilio Lissón

Arzobispo peruano desterrado da nuevo paso hacia beatificación

VALENCIA, 27 May. 08 / 08:02 am (ACI).- La Arquidiócesis de Valencia, que albergó al Arzobispo de Lima, Mons. Emilio Lissón, durante los últimos años de su vida y destierro, concluyó la fase diocesana del proceso de beatificación de quien podría convertirse en el segundo pastor de la capital peruana en llegar a los altares.

Según informó la agencia AVAN, el proceso diocesano será clausurado el próximo sábado en una ceremonia que presidirá el Arzobispo de Valencia, Cardenal Agustín García-Gasco.

El proceso fue abierto en septiembre de 2003 en la Catedral de Valencia, donde se inició la causa “por ser el lugar en el que el Prelado peruano pasó los últimos años de su vida, murió y fue inicialmente enterrado”, según indicaron a AVAN fuentes de la comisión diocesana para las Causas de los Santos del Arzobispado, que ha logrado reunir más de cinco mil documentos en la instrucción.

Tras la clausura de la fase diocesana, las cajas con dos ejemplares, trasunto y copia pública del proceso informativo diocesano, serán entregadas en la Congregación para las Causas de los Santos en Roma. Mons. Lisson podría seguir los pasos del español Santo Toribio de Mogrovejo, segundo Arzobispo de Lima y Patrono del Episcopado Latinoamericano.

El heroico Arzobispo nació en Arequipa (sur del Perú) en 1872, ingresó en la Congregación de la Misión -fundada por San Vicente de Paúl- y fue ordenado sacerdote en 1895 en París. El Papa San Pío X lo nombró Obispo de Chachapoyas -en plena Amazonía- en 1909, donde desarrolló una gran labor evangelizadora.

A los 37 años de edad recorrió su agreste territorio diocesano en canoa y a pie ayudado por los nativos. En 1918, con 46 años de edad, Benedicto XV lo nombró Arzobispo de Lima, donde abrió cuatro seminarios menores, fundó un periódico cristiano, y visitó parroquias a las que no había acudido un prelado desde hacía más de 400 años.

El destierro

En 1931, Mons. Lissón fue obligado a presentar la renuncia a su sede episcopal por presiones de las autoridades peruanas que lo acusaron de injerencias en política, mala administración y poca formación teológica.

Aunque algunos años después sus acusadores le pidieron perdón y reconocieron que sus imputaciones eran injustas, Mons. Lissón fue desterrado y vivió confinado durante nueve años en la Casa Internacional de su congregación en Roma. Durante ese tiempo estudió arqueología e historia eclesiástica y se dedicó a ofrecer retiros espirituales.

En 1940 fue enviado a España por invitación del entonces Obispo de Navarra, Mons. Marcelino Olaechea, quien lo llevó a Valencia cuando fue nombrado Arzobispo. En esta Arquidiócesis, Mons. Lissón administró los sacramentos a miles de jóvenes por encargo del Prelado, ordenó a numerosos sacerdotes y realizó visitas pastorales a todas las parroquias de la diócesis.

“Es un santo y de Valencia no sale ni vivo ni muerto”, afirmó Mons. Olaechea en cierta ocasión cuando de otros lugares de España pedían la presencia del Arzobispo peruano. Mons. Lissón permaneció en Valencia desde 1948 hasta que murió en fama de santidad el 24 de diciembre de 1961, cumpliendo los encargos pastorales de Mons. Olaechea. Fue enterrado en la catedral de Valencia y en 1991 los peruanos solicitaron el traslado de sus restos mortales a la Catedral de Lima donde descansan en la actualidad.

Según Mons. Olaechea, durante sus años en Valencia, Mons. Lissón “practicó en grado heroico las virtudes de caridad, humildad, obediencia y pobreza”.

Población católica mundial permanece estable

Anuario estadístico de la Iglesia

Población católica mundial permanece estable, crece en América

VATICANO, 27 May. 08 / 08:25 am (ACI).- La Librería Editora Vaticana ha publicado una nueva edición del Anuario Estadístico de la Iglesia, con las cifras oficiales de la Iglesia católica actualizada hasta el 2006, y según la cual la población católica permanece estable, aunque crece en las Américas.

Según el Anuario, desde el 2000, la presencia de católicos en el mundo se mantiene estable, en torno al 17,3% de la población mundial. A pesar de que Europa cuenta con el 25% de la comunidad católica mundial, su crecimiento es inferior al 1%; mientras que en América y en Oceanía los fieles bautizados crecen respectivamente un 8,4% y un 7,6%; mientras que el continente asiático se mantiene estable en 2006 en cuanto a proporción de fieles con respecto al total de la población.

En África, con un crecimiento dos veces superior al de los países asiáticos, el número de bautizados pasa de 130 millones en 2000 a 158,3 millones en 2006.

Por otro lado, el número de obispos en el mundo ha crecido de 4.541 en 2000 a 4.898 en 2006, con un aumento del 7,86%.

La población sacerdotal, tanto diocesana como religiosa, muestra un ligero crecimiento a lo largo de estos siete años (con un aumento del 0,51% a nivel mundial), pasando de 405.178 en 2000 a 407.262 en 2006. Si en África y Asia aumentan (respectivamente un 23,24% y un 17,71%), América se mantiene estable, mientras Europa y Oceanía disminuyen un 5,75% y un 4,37%.

Los sacerdotes diocesanos aumentan un 2%, pasando de 265.781 en 2000 a 271.091 en 2006. Por contraste, los sacerdotes religiosos se hallan en constante disminución (-2,31%), llegando a ser 136.000 en 2006. Los sacerdotes disminuyen claramente solo en Europa: si en 2000 representaban más del 51% del total mundial, en 2006 decrecen al 48%. Sin embargo, Asia y África juntas suponían en 2006 el 21% del total, mientras en 2000 el porcentaje era del 17,5%. América se mantiene alrededor del 30% del total y Oceanía representa poco más del 1%.

En cuanto a los religiosos no sacerdotes, si en 2000 eran 55.057, en 2006 alcanzan la cifra de 55.107. Comparando los datos por continentes, en Europa se percibe una neta disminución (-12,01%) y en Oceanía (-16,83%), manteniéndose establemente en América y aumentando en Asia (+30,63%) y en África (+8,13).

Las religiosas son casi el doble que los sacerdotes y 14 veces los religiosos, pero actualmente también están disminuyendo. Han pasado de 800.000 en 2000 a 750.000 en 2006. En cuanto a su distribución geográfica, el 42% reside en Europa, el 28,03% en América y el 20% en Asia. En términos generales, las religiosas han aumentado en los continentes más dinámicos, África (+15,45%) y Asia (+12,78%).

El Anuario Estadístico de la Iglesia también recoge la evolución del número de estudiantes de filosofía y de teología en los seminarios diocesanos y religiosos, que a nivel global han aumentado, pasando de 110.583 en 2000 a más de 115.000 en 2006, con un incremento del 4,43%. Mientras en África y en Asia los candidatos al sacerdocio han evolucionado positivamente, en Europa se percibe una reducción del 16%.

Categorías:Mundo, Religión, Testimonios

Exposición de objetos personales de Juan Pablo II

Organizan exposición de objetos personales de Juan Pablo II en Italia

ROMA, 26 May. 08 / 04:35 pm (ACI).- Una asociación cultural italiana abrió una exposición de los objetos personales del Siervo de Dios Juan Pablo II titulada “Totus Tuus: Un hombre, un sacerdote, el Papa”, en Bolonia, nordeste de Italia, como homenaje por el 30º aniversario de su elección como Papa.

En la muestra, que fue inaugurada el pasado viernes 23 de mayo y se extenderá hasta el 13 de junio, se puede apreciar distintos objetos divididos en dos secciones. La primera llamada “De Wadowice a Cracovia, 1920-1978″, ilustra el recorrido del joven Karol Wojtyla, desde su ordenación sacerdotal hasta su nombramiento como Arzobispo y Cardenal.

Entre los objetos que se muestran hay libros, zapatos, documentos, ropa y fotografías, que permiten hacer una recorrido por la vida del recordado Pontífice.

El evento fue inaugurado por el Arzobispo de Bolonia, Cardenal Carlo Caffarra, en presencia del vocero vaticano durante el pontificado de Juan Pablo II, Joaquín Navarro Valls.