El “Doctor Muerte” de la CIA
01.05.08
Él sería el responsable de experimentar con drogas para intentar controlar la mente de posibles enemigos, durante las llamadas operaciones MKULTRA y MKSEARCH. Sidney Gottlieb era un experto en inventar sustancias químicas para provocar terror; situaciones con las que desorientar a un prisionero.
Este es el protagonista del primer capítulo del nuevo libro del periodista e investigador Eric Frattini, “CIA. Joyas de Familia” en el que analiza los documentos más comprometedores de la célebre Agencia de Inteligencia de EEUU.
Reproducimos a continuación un adelanto de sus páginas.
“Han dicho de mí que jugaba a ser Dios, y eso es una barbaridad. Me limitaba a utilizar los dones que el Altísimo me había concedido para intentar defender unas convicciones que sigo manteniendo: creo que Estados Unidos tiene derecho a defenderse por todos los medios posibles”. Así hablaba Sidney Gottlieb, científico jefe de la CIA, durante una conversación con el famoso escritor Gordon Thomas. Pero quién era realmente este científico a quien en la CIA denominaban como ‘Doctor Muerte’.
Nacido en 1919, dentro del seno de una familia de judíos húngaros, el doctor Gottlieb, alias ‘Joseph Scheider’, fue el controvertido asesor científico y jefe de la División de Servicios Técnicos de la CIA, conocida también como la ‘Casa de los Horrores’.
En 1940, se licencia con todos los honores en ciencias químicas en la Universidad de Wisconsin. En 1951, Scheider su apellido real, consiguió su doctorado en químicas en el Instituto Tecnológico de California. Ese mismo año, sería reclutado por la CIA, cuando aún se encontraba en el campus universitario.
A pesar de haber podido conseguir un puesto mejor remunerado en la industria química privada, a Gottlieb le llamaba una especie de patriotismo y una ética que él podría manipular en interés propio y de los Estados Unidos. Sin duda la agencia iba a ser el campo de pruebas para sus experimentos.
Allen W. Dulles, director de la CIA entre 1953 y 1961, declararía años después que “Gottlieb había nacido para la CIA y la CIA era para Gottlieb una ‘compañía’ a su medida”.
En la Agencia, el químico trabajó día y noche, en diversos experimentos mientras iba escalando en el escalafón de la División Técnica, hasta alcanzar el puesto de jefe de la División Química de la TSS. Sin duda nadie podría sospechar de aquel químico, que residía junto a su esposa Margaret Moore y sus cuatro hijos, en aquella granja de doce hectáreas.
Gottlieb se ocupaba de ordeñar sus propias vacas y cabras antes de salir cada mañana hacia su trabajo en el laboratorio secreto de la CIA. En más de una ocasión, llegó a su trabajo cargado de vasijas herméticamente cerradas con leche natural en su interior. A Gottlieb le gustaba regalar leche a sus compañeros de trabajo, aunque estos jamás se atrevieron a probarla.
Poco a poco, el ‘Doctor Muerte’ llegó a hacerse un nombre dentro de la comunidad de inteligencia, debido a que Gottlieb era el científico encargado de diseñar y crear en la década de los cincuenta y sesenta, los venenos que después serían utilizados por la CIA para asesinar a un espía enemigo o a un jefe de Estado o de Gobierno molesto.
Él sería el responsable de experimentar con drogas para intentar controlar la mente de posibles enemigos, durante las llamadas operaciones MKULTRA y MKSEARCH. Sin duda el químico fue el niño mimado de varios DCI’s. De Allen Dulles a John McCone, de William Raborn a Richard Helms, pero esa suerte le iba a abandonar cuando en 1973, sus ‘mortíferos inventos’ fueron revelados en las ‘Joyas de Familia’.
En consecuencia, se ordenó a Sidney Gottlieb que destruyese todos sus informes secretos para que no cayesen en manos de los investigadores del Congreso y Senado. Sin duda, Gottlieb y sus jefes en la CIA sabían que había muchos ‘trapos sucios’ que esconder.
Por ejemplo, el doctor financió, lideró y controló diversas pruebas de torturas, realizadas bajo estricto control médico. Para ello reunió a un grupo de médicos, químicos y expertos con ideas similares a las suyas, en un equipo ‘ultrasecreto’ y compacto.
Sidney Gottlieb pagaba a sus colaboradores con fondos especiales de la CIA y que sólo él controlaba. Para el científico, su trabajo en la CIA era vital para la seguridad nacional de los Estados Unidos, y él mismo, se veía como parte integrante de un gran engranaje que servía, única y exclusivamente a un solo cliente: el Presidente de los Estados Unidos y sus intereses en cualquier punto del planeta.
A ‘sus’ nuevos reclutas, Gottlieb les enseñaba primero la placa que estaba situada a la entrada del edificio principal de la CIA: ‘La verdad os hará libres’ y después los llevaba hasta la misma puerta de su despacho, en donde otra placa mostraba el lema: ‘El trabajo os hará libres’, el mismo que aparecía en las puertas de los grandes campos de exterminio del Tercer Reich. Para el ‘Doctor Muerte’, ambos lemas, eran uno sólo.
Sidney Gottlieb era un experto en inventar sustancias químicas para provocar terror; situaciones con las que desorientar a un prisionero, como el aislamiento continuo en lugares reducidos y a oscuras; o sencillamente en la utilización de ‘electroshock’ para reducir la resistencia de un prisionero. A él se deben todos estos sistemas de torturas. También a Gottlieb se debe la utilización como ‘conejillos de indias’ de sus propios compañeros de experimentos.
El 19 de noviembre de 1953, Frank Olson, un científico de la División de Operaciones Especiales del Cuerpo Químico del Ejército, con base en Fort Detrick, Maryland, bebió una copa de licor junto a varios de sus colegas. El licor contenía una alta dosis de LSD.
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