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Archivo para 1 Enero 2008

Dos Millones a favor de la Familia

Escrito por Ecclesia Digital
lunes, 31 de diciembre de 2007

La Razón – Los fieles respondieron de forma multitudinaria a la convocatoria en defensa de los valores familiares – El Papa animó a los congregados a «dar testimonio ante el mundo del amor humano»

José R. Navarro Pareja

Imagen de la Santisima VirgenMADRID- «Saludo a los participantes en el Encuentro de las Familias que se está llevando a cabo en este domingo en Madrid». Era el momento culminante de la jornada. Las palabras que Benedicto XVI pronunciaba en español desde el Vaticano era recibidas por un atronador aplauso. Cinco años después de la última visita de Juan Pablo II a España, un Papa volvía a la plaza de Colón de Madrid, aunque esta vez a través de las siete grandes pantallas de televisión instaladas en la zona. Daba igual. Los dos millones de fieles que llenaban la plaza y todas las calles adyacentes lo recibieron igual que si hubiera llegado en «papamóvil», en un gesto evidente de la universalidad de la Iglesia católica.

El Pontífice no defraudó. Con su sencillez y pedagogía habituales animó a los fieles a dar «testimonio ante el mundo de la belleza del amor humano, del matrimonio y la familia». Y recordó la que ha sido la hoja de ruta para la preparación de este encuentro, la claves que se han recordado hasta la saciedad para dejar claro cuál es el modelo de familia cristiana que se estaba defendiendo: «Fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer», un espacio en cuyo ámbito «la vida humana es acogida y protegida, desde su inicio hasta su fin natural», lo que conlleva como consecuencia que «los padres tienen el derecho y la obligación fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana».

Fiel a su forma de plantear las cuestiones, de manera positiva, dejó clara la inexistencia del llamado «matrimonio homosexual», condenó aborto y eutanasia, y defendió que los padres puedan elegir la educación moral que quieren para sus hijos, sin que ésta pueda ser impuesta por el Estado.

A las seis de la mañana

Pero horas antes de este momento, los más madrugadores ya habían llegado a la plaza de Colón a las seis de la mañana, pero el grueso de fieles se empezó a hacer presente a partir de las nueve. Quedaban dos horas para que comenzara el acto y una más para poder escuchar en directo las palabras que el Papa les iba a dirigir desde el Vaticano, pero no parecía importarles. De los cinco grados que marcaban entonces los termómetros se protegían con ropas de abrigo, y el tedio se aliviaba con la conversación con el vecino y algún improvisado canto.

A las diez de la mañana la animación ya corría a cargo de los organizadores. A través de la megafonía, tres presentadores -dos jóvenes y una niña- asumían la difícil tarea de teloneros y alternaban las bromas con cantos infantiles alusivos a la familia, cuando no dejaban paso a una selección de música instrumental.

Había que esperar hasta las once de la mañana para que comenzara la celebración propiamente dicha. «Bienvenido a tu casa» cantaban los sevillanos de «Siempre así», mientras los presentadores del acto -Alejandra Alloza, de TVE internacional, y Javier Nieves, de Cadena 100- llegaban al escenario. Era ya el momento de que todos centraran su mirada al estrado, porque desde allí se iban a alternar los testimonios de familias y los mensajes de los cardenales y el presidente de la Conferencia Episcopal. El momento más emotivo de esta parte del acto fue cuando la familia Blasco explicó que había perdido a uno de sus hijos -con doce años- en el atentado del IRA en Omagh (Irlanda). «Está con nosotros desde el cielo», proclamaron, en un claro mensaje que conmovió a los presentes.

Presencia cardenalicia

Los cinco cardenales electores residentes en España quisieron hacerse presentes en el acto de una u otra forma. El de Sevilla, Carlos Amigo, ya había excusado desde hace días su presencia en el acto, al coincidir con el cierre de un año jubilar en su diócesis, pero envió un mensaje escrito. Más sorprendente fue la ausencia del cardenal de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, que por prescripción médica no pudo estar en la plaza de Colón. A pesar de ello, pudo enviar un mensaje.

Antonio Cañizares, cardenal arzobispo de Toledo, y Agustín García-Gasco, cardenal arzobispo de Valencia, sí pudieron acompañar al cardenal Rouco en el estrado, en un lugar habilitado entre el crucifijo y la imagen de la Virgen de la Almudena. Junto a ellos, se encontraban otros treinta y ocho obispos españoles. Su presencia fue agradecida por los dos millones de fieles, así como los mensajes que allí leyeron los cardenales. Desde el público se destacaba la contundencia de García-Gasco al poner en evidencia el «fraude y el engaño» de la «cultura del laicismo radical», y la denuncia firme de Cañizares de como la familia, «a pesar de ser la institución social más valorada», está siendo «sacudida en sus cimientos, incluso con legislaciones injustas e inicuas». Un anticipo del mensaje que luego pronunciaría el Papa Benedicto XVI.

La segunda parte de la celebración tuvo un marcado carácter litúrgico. Tras el mensaje de Benedicto XVI desde el Vaticano, una solemne procesión de la imagen de la Virgen de la Almudena, daba inicio a la celebración de la Palabra.

En ella, destacó la homilía del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, quien mostró su tristeza, en nombre de todos los presentes, al «constatar que nuestro ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas reconocía y establecía hace ya casi sesenta años, a saber: que la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el Estado»

Tony Blair por fin entra en la Iglesia católica

Tony Blair por fin entra oficialmente en la Iglesia católica

Un estudio del ‘Sunday Telegraph’ confirma que los católicos ya superan a los anglicanos en asistencia dominical a las iglesias británicas

El ex primer ministro británico Tony Blair, hijLa family Blair con sus 4 hijoso de un conservador agnóstico y de una protestante norirlandesa, criado como anglicano, anunció oficialmente su conversión al catolicismo, uniéndose así a la fe de su esposa Cherie y de sus cuatro hijos.

La ceremonia de acogida en la Iglesia Católica fue oficiada por el cardenal Cormac Murphy O’Connor, arzobispo de la Iglesia católica en Inglaterra y Gales, con una misa celebrada, el pasado viernes, en su residencia, en Westminster. Fue una ceremonia íntima lejos de toda pompa y boato, definida por el portavoz de Blair como “un asunto privado“.

Blair empezó a reflexionar en serio acerca del cristianismo a partir de la obra del filósofo Macmurray (muy centrada en el papel social de la fe y la amistad), con ecos del pensamiento comunitarista de Emmanuel Mounier. Durante sus 10 años de gobierno, Blair acompañó a misa a su mujer e hijos, pero como anglicano le faltaba la plena comunión para poder tomar el Pan y el Vino de la Eucaristía. Una de sus últimas visitas como primer ministro fue al papa Benedicto XVI: todos los observadores veían que el premier británico esperaba a dejar el cargo para completar su “retorno a Roma”, como suelen decir los conversos ingleses.

Aunque el monarca inglés debe ser anglicano y jurar como defensor de la fe anglicana, no hay ninguna ley actualmente que impida al primer ministro ser católico. Sin embargo, cuestiones complicadas, como el conflicto de Irlanda del Norte, dificultan que se vea con normalidad un primer ministro católico. El último primer ministro claramente católico fue santo Tomás Moro, patrón de los políticos, decapitado por no aceptar el título de Enrique VIII como jefe de la Iglesia de Inglaterra.

Se sabe que Blair viaja a menudo con una Biblia, reza cada día y toma decisiones consultando con la oración. Sin embargo, su proceso es confuso, porque durante los años de su gobierno ha apoyado con su voto muchas decisiones contrarias a la bioética católica, pro-vida y pro-familia, referentes al aborto, la investigación con células madre o el matrimonio, como ha señalado la exministra conservadora (y católica proveniente del anglicanismo) Anne Widecombe.

“Cuando un ex primer ministro se convierte al catolicismo, debe ser una señal de que el catolicismo realmente está resucitando en este país,” escribió la editora del periódico católico semanal The Tablet, Catherine Pepinster, en el Sunday Telegraph.

Los católicos mantienen su nivel de práctica

La asistencia a las iglesias anglicanas se ha reducido en casi un 50 por ciento durante los últimos cuarenta años. Sólo un 6 por ciento de la población británica va regularmente al servicio dominical anglicano.

La presencia de católicos en las iglesias británicas supera ya a la de los anglicanos. Una investigación del grupo “Estudios Cristianos” con datos del 2006 publicado en el Sunday Telegraph del 23 de diciembre calcula que unos 862.000 católicos van a misa cada domingo, mientras que los anglicanos que acuden semanalmente al servicio dominical son 852.000 (datos de 2003 hablaban de 900.000 anglicanos de rito dominical semanal). Inglaterra tiene casi 50 millones de habitantes, y la mitad de los adultos se declara anglicano. Hay además unos 4 millones de personas que se declaran católicas. Podrían ser más si se cuentan las últimas oleadas de inmigración hispana, polaca y de otros países.

Según otros sondeos, en torno al 12% de la población se define como católico. Los sondeos dicen que el 28% de los británicos creen en Dios y el 26% creen «en algo, pero no saben lo que es». Hay también un 9% de agnósticos, un 16% de ateos y otro 10% de personas que dicen no saber en lo que creen.

En octubre, la “Comunión Tradicional Anglicana”, un conjunto de iglesias anglicanas conservadoras que dejaron hace años la comunión con la sede de Canterbury, pidieron en Roma la comunión plena con la Iglesia Católica. Sería el retorno en bloque de 400.000 anglicanos de distintas partes del mundo. La fórmula exacta es materia de estudio todavía.

Homilía de Juan Pablo II

IMPRESIONANTES PALABRAS DE JUAN PABLO II EN SU VISITA A ESPAÑA NOVIEMBRE DE 1982

Importante homilia de Juan Pablo II vigente después de 25 años

«Los Garabatos de Dios»

«Los Garabatos de Dios», tercer libro de una mujer paralizada

Fotógrafa riojana, Olga Bejano, ama la vida

MADRID, martes, 1 enero 2008 (ZENIT.org).- «Los Garabatos de Dios» es el tercer libro que saca a la luz una mujer fuera de lo común, Olga Bejano, desde hace más de veinte años paralizada a causa de un probable error médico.

En el volumen esta riojana, de Logroño (España), proclama su amor por la vida, y comunica la riqueza que surge de una fuerza interior cultivada en la fe y la esperanza.

Olga Bejano Domínguez, nació en 1963 y cumplió 44 años el pasado 3 de noviembre. Debido a una parálisis progresiva, iniciada a los doce años, al parecer por un componente de la anestesia en una simple operación de apendicitis, no se puede mover. Pero su enfermedad no la define, aunque explica en parte su producción literaria, fruto de lo que ella llama su «oración constante».

La capacidad de lucha y deseo de comunicarse llevaron a Olga –que sólo puede ver unos segundos cuando le levantan un párpado y no puede hablar ni escribir–, a inventar un sistema de abecedario y, explica ella misma, «unos garabatos que sólo entiende la enfermera que me cuida habitualmente».

A los 23 años, todo se complicó: «Me pronosticaron seis meses de vida, los cuales se han convertido en veinte años de propina divina», dice Olga. Entonces decidió que «no podía esperar a la muerte de brazos cruzados».

A finales de 1995, dice ella misma, «mi ‘voz de papel’ se quebró y ya no podía escribir con una letra legible; así nacieron mis famosos garabatos: escribo apoyando mi mano paralizada en mi pierna derecha y con impulsos de la pierna muevo la mano».

En su primer libro, «Voz de papel», narró su convivencia con la enfermedad, su peregrinación por todos los hospitales, y su respuesta a las preguntas que un diagnóstico como el suyo suscita. El libro fué publicado por «Sal Terrae» en 1997, diez años después de comenzar a escribirlo.

A través de sus páginas, dice Olga, «el lector puede sentir los temores, las luchas, el agotamiento, los momentos buenos, los malos y cómo sentí la presencia de Dios». Todo esto, añade, «sin acritud, sin amargura, con sentido del humor en muchos casos, aunque también con buenas dosis de sinceridad, pero ante todo llena de esperanza».

Esta mujer ha dado forma literaria, para poder animar a otros en su situación, a lo que experimentó tras la rebeldía ante la enfermedad. «El alma es más fuerte que el cuerpo», se dijo, y concluyó que la madurez espiritual y el crecimiento personal eran fruto de un «alma es fuerte, luchadora, alegre, trabajadora y con una fe y confianza fuertes en Dios, en la Virgen María, en el Espíritu Santo y en mi Ángel de la Guarda».

Todo ello la llevó a una oración constante: «Desde que descubrí a Dios me sucede algo similar a cuando una persona se enamora: me levanto pensando en Él, durante el día pienso en Él y al acostarme, cuando más relajada estoy, en la oscuridad y el silencio es cuando Él se siente mejor para hacerse oír. En la oración lo que cuenta no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace en nosotros durante ese tiempo».

Lo cual no la exime de un sufrimiento atroz: «Cuando rezo le pido fuerzas a Dios para que me ayude a llevar una cruz que cada día pesa más y que ya ha pasado por las tres fases: al principio era ligera, como si fuera de plástico; luego se transformó en madera y desde hace 14 años, me parece de hierro».

El segundo libro, «Alma de color salmón», tardó dos años y medio en escribirlo y otros dos en publicarlo. En él, dice ella misma, «hablo poco de mi cuerpo y en cambio abro mi alma». El título alude a la metáfora del salmón que remonta el río nadando contracorriente. Fué publicado por «Libros Libres» en 2002.

Olga Bejano ha expresado, una y mil veces, ante el controvertido tema de la eutanasia, que no desea ser manipulada ni a favor ni en contra. Que comprende la dificultad de cada persona: «Como a cualquier ser humano, no me gusta sufrir. Respeto y entiendo a las personas que solicitan la eutanasia. A mí, en más de una ocasión, me han dado ganas de tirar la toalla, pero ahora sé que si sigo aquí es por algo, porque ocasiones para fallecer las tengo un día sí y otro también. Mi deseo es poder llegar al final con la calidad de vida que vaya precisando y con dignidad y que sea Dios quien decida cuándo ha llegado mi día y mi hora».

Por ello, se propone «luchar por los derechos de los enfermos, por el derecho a servicios de salud más humanos e integrales», así como «la dignificación del enfermo como un ser completo en sí mismo y con aportes que hacer a la sociedad». Y exhorta: «En vez de hablar de ‘muerte digna’, se debieran ofrecer ayudas para facilitar la ‘vida digna’».

Ahora entrega al público su tercer libro «Los Garabatos de Dios», que hace alusión al sistema que usa para comunicarse. En la obra, publicada también por «Libros Libres», vuelve a hablar de su vida espiritual y humana, desde una cima que adivina cercana y aupada por la confianza que le dan los dos libros anteriores y el reconocimiento de sus paisanos y lectores.

Fue nombrada «Riojana del Año», en 1998, y ha recibido la «Medalla de Oro» de la tierra que la vio nacer.

Uno de sus obras, la primera, ha sido traducida al italiano, bajo el título «Voce di carta», editada por «Shalom», en 2006.

«Para mí, cada día que tengo de vida es una propina y un milagro. Entiendo que, procesos de enfermedad larga, crónica y cruel, hagan que algunos enfermos se desesperen pero, en mi caso, mi cuerpo cada día me va diciendo que lógicamente no voy a más joven, ni a más sana; siento que el final cada día está más próximo. Si veinte años se me han pasado en un suspiro, el final sólo Dios sabe lo que va a durar pero seguro que me llegará cuando menos lo espere», dijo hace unos meses.

Aludiendo a una experiencia personal de encuentro con Dios, explicaba su postura ante el encuentro definitivo: «Cuando me vuelva a ver de nuevo en el túnel de luz, le diré a mi guía: ¡Otra vez estoy aquí!. Me dijiste que la próxima vez que nos viéramos no tendría que volver. Aquí de nuevo estoy, pero esta vez traigo hechos los deberes».

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