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Archivo para 10 Diciembre 2007

“Impossible is Nothing”

10 Diciembre 2007 Moral y Luces Deja un comentario

Anoche fue un poco raro lo que pasó, estaba en mi casay de pronto sentí esa sensación de que debía estar en otro lado, además estaba solo en mi casa, así que me fui a mi iglesia, que queda a 1 min. desde mi casa y me quedé ahí… lo que pasó después fue lo extraordinario…

Estaba en el exterior de la iglesia, cuando veo que están pasando una película, interesado, entré para ver de qué se trataba, quedé prendado, me enchufé de inmediato en la trama y me quedé viendo lo que pasaba. La película estuvo buenísima, con el nombre lo decía todo: “Facing the giants”; se trataba de un entrenador de fútbol americano que veía que todas las cosas que hacía le salían mal; trataba de que su equipo ganara, pero no podía; trataba de tener hijos y no había resultado y como que sentía que el fracaso estaba cercándolo, pero comenzó a orar y buscar de Dios más y más, hasta que comenzó a ver que las cosas comenzaban a mejorar, a tal punto, que su equipo llegó a la final del campeonato (en ese tiempo, el entrenador les enseñaba la biblia y cómo Dios nos ayuda a enfrentar y derribar los gigantes que se levantan y a medida que pasaban los entrenamientos, los jugadores comenzaban también a tener un cambio en sus vidas), no voy a contar más detalles, ustedes tienen que ver la película

Me ministró de una manera muy especial, con cada frase que decían, se me erizaban los pelos, porque lo que declaraban era tan cierto… no sé, ustedes pueden imaginar lo que se siente…

Además, Dios me preguntó (después de terminada la peli) si para Él había algo imposible… mi respuesta, como por acto reflejo fue NO!!! y fue cuando me dijo que ponía varias cosas sobre mí (privado), que haría conmigo muchas cosas…

En fin, fue una noche muy particular… Dios hablando a través de una película y después directamente a mi corazón y oídos… cómo la ven??? fue de Dios que anoche estuviera allí… eso me gusta, estar en el lugar y tiempo correctos… donde Dios, mi amado Dios, está presente…

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La verdadera historia de Santa Claus

10 Diciembre 2007 Moral y Luces Deja un comentario

Rescatar del dominio de los comerciantes todo lo que realmente nos pertenece como católicos

Santa Claus

Comenzamos ya el mes de Diciembre, y poco a poco las casas van mostrando sus variados adornos y luces multicolor, por supuesto es una fiesta importantísima sin duda, Navidad es la fiesta del amor hecho hombre y de la generosidad en el compartir de los bienes del mismo modo que Dios comparte con nosotros la naturaleza humana.

Cada año, los católicos enfrentamos una lucha por rescatar a Jesús de entre tantas “Fiestas, comidas, regalos, adornos, compromisos etc.”

Sin embargo creo que también debemos esforzarnos por rescatar del dominio de los comerciantes todo lo que realmente nos pertenece como católicos, en especial me quiero referir a la tan maltratada imagen de Santa Claus. Si, leyó usted bien, y tal vez le sorprenda esta inquietud mía, la verdad es que he escuchado a más de un católico, refiriéndose a Santa Claus como el “gordito de barbas blancas”, ocupando el lugar de quien la misma Iglesia se encarga de ponernos como ejemplo de devoción a Jesús Niño, de paciencia, fe en la persecución y sobre todo generosidad. Si, nuestro maltrecho Santa Claus no es otro más que San Nicolás de Bari.

Desdichadamente los católicos nos hemos dejado robar de la mercadotecnia que, con tal de vender en estas fechas, ha sido capaz de inventar a través de los años malformaciones tales como los duendes, el taller de juguetes, el simpático reno Rodolfo, y hasta la misma Sra. Claus. Bueno, eso es lo que nos venden las miles de promociones y películas de temporada.

A continuación una breve reseña de su vida y del porqué se ha desvinculado de la Navidad, le invito a leer este artículo… y después… saque usted sus conclusiones.

San Nicolás de Bari nació en el año 310 después de Cristo, en un tiempo de persecución, donde la enseñanza de la doctrina de Jesús suponía estar en Contra del Imperio Romano. Por lo alejado de la época es difícil saber con exactitud su nacionalidad Países como Rusia, Turquía y en general medio Oriente se atribuyen este privilegio. Los padres de Nicolás que eran gente adinerada habían inculcado en su hijo el espíritu de generosidad entre otras virtudes, de modo que en una ocasión cambió a su caballo por un esclavo en una subasta para regalarle su libertad, lo que provocaba la burla entre los paganos y falta de respeto entre los Cristianos, todas las caridades las hacía en nombre de Jesús y con su ejemplo muchos se convertían a Cristo. Siendo aún muy Joven mueren sus padres y comienza a dar a manos llenas entre los mas necesitados; al llamarle la atención su administrador, San Nicolás, responde que si sólo ha dado la tercera parte de su herencia se preocuparía por dales más.

Se cuenta que en una ocasión supo de tres jovencitas que pretendían casarse pero su padre no podía pagar la dote correspondiente. Al saberlo Nicolás (pretendiendo realizar la caridad sin ser visto), dejó caer por la chimenea unas monedas de oro que coincidentemente cayeron en unas medias de lana que las jóvenes habían dejado secando (por eso se cuelgan las medias tejidas que sirven para que ahí nos deje a nosotros los regalos que el niño Jesús nos manda desde el cielo, y por eso es el mito de que no puede ser visto por los que recibirán el regalo). Así, es conocido como el patrono de las parejas que desean tener un buen matrimonio y como protector de las familias en problemas económicos. En algunos países su imagen aparece con tres monedas de oro en las manos.

En esos tiempos era emperador Diocleciano quien ordena a Cesar Galerio acabar con los cristianos con toda la fuerza. Es en esta época que San Nicolás es nombrado Obispo de Myra Turquía (de ahí el color rojo de su vestimenta).

A pesar de vivir la feroz persecución Nicolás no perdía su sentido del humor y su alegría especialmente al platicar con los niños acerca del Nacimiento de Jesús en quién ponía toda su Esperanza (de ahí el amor a los niños y el típico Jo, Jo, Jo).

En una de las persecuciones fue aprehendido y encarcelado por casi 30 años, aún desde la cárcel se sacrifica y ora por su Iglesia, a pesar que los soldados romanos se burlaban de Él diciéndole que ya se había acabado la fe en Cristo.

Al convertirse al cristianismo el emperador de Roma, Constantino, hijo de Santa Elena, el Obispo Nicolás fue liberado, ya anciano con el pelo largo y la barba blanca, y convencido que era el único creyente que quedaba, regresa a su ciudad dispuesto a empezar otra vez la Iglesia de Cristo.

Su sorpresa fue grande cuando llegando al lugar observa la Catedral que había sido reconstruida y en ella los Cristianos entonaban el cántico Adestae Fidelis ya que estaban celebrando la fiesta de Navidad (por eso la relación de Navidad con la llegada de San Nicolás).

Se dice que asistió al Concilio de Nicea (325 dC) también que sofocó un motín en Taifalea, Frigia. Y que sostuvo con su dinero y con su fe a su pueblo y a ciudades como Patara y Lycia de Kalamaky que vivían hambrunas.

Uno de los milagros más sorprendente es el de haber resucitado por su intercesión a tres niños que habían caído de un árbol y muerto al instante. Motivo por el cual también se le representa con tres niños a su lado. A pesar de ser anciano, seguía viajando, evangelizando y entregando juguetes a los niños para recordar a todos que en Navidad recibimos el mejor de los regalos a través de Cristo, la esperanza de la salvación Eterna.

Sus restos descansan en la Basílica de San Nicolás, en Bari Italia, desde el siglo XI (1087) y a falta de precisión de su fecha de paso a la vida eterna lo veneramos (o deberíamos) el 6 de Diciembre.

Otra de las formas en las que se representa su imagen en Holanda, es con un barco en las manos ya que por su mediación se salvo un barco de zozobrar en la tormenta.

La imagen que conocemos actualmente del clásico Santa Claus, fue modificada por el inmigrante Alemán recién llegado a Nueva York el protestante Thomas Nast quien lo ilustra para el semanario “Harper” en 1864 mostrándolo con el traje rojo las botas, un gran saco de juguetes y entrando en una chimenea.

Por ser uno de los primeros santos de nuestra Iglesia su nombre se ha modificado con los siglos del vocablo Sajón Saint Nickleaus, a santa Claus.

Espero que el conocer este artículo le impulse a conocer más de cerca de este gran Santo, ejemplo de virtudes que tanta falta le hacen a esta temporada Navideña y dar a conocer a nuestros niños y jóvenes a San Nicolás, el verdadero Santa Claus.

*Algunos datos tomados del libro El Sentido de la Navidad de Maria Eugenia Alvarado de Arcos, entre otras fuentes

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Guadalupe batirá records de peregrinos

10 Diciembre 2007 Moral y Luces Deja un comentario

Guadalupe batirá records de peregrinos este 12 de diciembre

Siete millones de personas podrían visitar el santuario en cuatro días

MÉXICO, domingo, 9 diciembre 2007 (ZENIT.org-El Observador).- Se encuentra ya todo listo para la gran fiesta de México y de América, el próximo miércoles 12 de diciembre, fecha en la que se conmemorará el 476 aniversario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indígena Juan Diego, canonizado por Juan Pablo II.

El centro de confluencia de la celebración será –como desde hace cuatro siglos– el lugar del Valle de México, donde el 12 de diciembre de 1531 tuvo lugar la última de las apariciones de la Virgen a su mensajero, san Juan Diego, indicándole que le llevara una rosas en su ayate (tilma con la que vestían los indígenas) al primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga, puesto que ella quería que le fuera construida una casa de oración en las faldas del cerro del Tepeyac.

El ayate de san Juan Diego quedó para siempre con la impresión de la figura de la Virgen de Guadalupe, que ahora se venera por millones de personas en todo el mundo, pero, particularmente, en América Latina y en México.

Cada año visitan la Basílica de Guadalupe entre 18 y 20 millones de peregrinos, siendo el santuario más visitado de la cristiandad y uno de los más visitados por los peregrinos en todo el mundo.  Hay días en que la Basílica es visitada hasta por 120 mil personas, número que se acrecienta del 9 al 12 de diciembre de cada año, con motivo de las fiestas de la Virgen.

Las autoridades que llevan el mando eclesiástico de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe esperan que este 2007 se rompan todos los records de asistencia, al llegar a los 7 millones de visitantes en tan sólo cuatro días.  Obviamente el 12 de diciembre es el día de mayor visita de peregrinos con casi 2 millones de personas visitando la Basílica.

El santuario guadalupano recibe cerca de dos mil peregrinaciones anuales de compañías, sindicatos, organizaciones, hospitales, comunidades, parroquias, diócesis, seminarios, congregaciones masculinas y femeninas y visitantes de comunidades del extranjero, concretamente de Estados Unidos y de Centro América.

Lejos de disminuir está aumentando el flujo de peregrinos a la Basílica año con año.  En diciembre de 2006 se registraron en el libro de la Basílica 429 peregrinaciones oficiales, mientras que en 2007 se tiene el registro de 434.  El año pasado llegaron hasta los pies de la «morenita del Tepeyac» 1970 peregrinaciones, mientras que este año lo harán 2196 peregrinaciones.

Por Jaime Septién

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El infierno y el purgatorio

10 Diciembre 2007 Moral y Luces Deja un comentario

Las reacciones de perplejidad ante las catequesis del Papa sobre cielo, infierno y purgatorio nos han aconsejado acudir a un profesor de Teología, especializado en el tratado que se ocupa de las realidades últimas: el padre jesuíta Cándido Pozo, profesor de la Facultad de Teología de Granada (anteriormente profesor también en Roma en la Pontificia Universidad Gregoriana), a quien el Papa acaba de llamar al próximo Sínodo de los Obispos sobre Europa, y autor de dos libros sobre estas materias: Teología del más allá (tres ediciones en España, cinco en Roma y recientemente traducido al croata en Sarajevo) y La venida del Señor en la gloria (Valencia, dos ediciones).

¿Hay elementos en la doctrina de Juan Pablo II sobre cielo, infierno y purgatorio que expliquen el impacto que ha producido en la opinión pública?

Supongo que el tema que más ha llamado la atención en no pocos ambientes ha sido la afirmación de que estas realidades no son un lugar, sino un estado. Pero confieso que me ha sorprendido tanta perplejidad ante una afirmación que no es precisamente nueva. Es lo que se venía enseñando en teología, con plena unanimidad, desde hace muchísimo tiempo. Ya san Agustín escribió: Sea Dios mismo, después de esta vida, nuestro sitio. Hans Urs von Balthasar comentaba espléndidamente la frase agustiniana: Dios es la “realidad última” de la creatura. Como alcanzado es cielo; como perdido, infierno; como examinante, juicio; como purificante, purgatorio. El primer tratado que se escribió en la Iglesia sobre las realidades últimas, lo hizo, en España, el año 688, san Julián de Toledo, después de una conversación en Toledo con Idalio, obispo de Barcelona, que se había desplazado a la capital del reino visigodo con ocasión del XV Concilio de Toledo. Es curioso que san Julián insista en que se evite el fundamentalismo en la manera de concebir las realidades posteriores a la muerte. Él sabe que infierno significa etimológicamente lo que está debajo; pero advertirá que no se tome la expresión al pie de la letra como localización del infierno. Lo bajo en un sentido espiritual es lo triste: de la misma manera que en lo corporal lo pesado va abajo, así lo que apesadumbra el alma, lo deprimente, lo triste, es lo que espiritualmente se considera abajo. Para san Julián de Toledo el fuego del purgatorio no es material, sino una metáfora para expresar el sufrimiento del alma que se purifica. Tampoco el valle de Josafat es una denominación geográfica, ya que Josafat significa el juicio del Señor. Lo que llama la atención es el talante contrario a una mentalidad fundamentalista que sería la que verdaderamente crea dificultades: ¿Se ha pensado en serio la impresión de aglomeración de un cielo concebido como lugar para todas las generaciones que han existido desde la creación del hombre? El alma que sobrevive al hombre, es una realidad espiritual (Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 14; Pablo VI, Profesión de fe, 8).

Algunos han creído poder descubrir en la catequesis de Juan Pablo II sobre el infierno una especie de atenuación de los sufrimientos que se atribuían a la condenación, como también una cierta tendencia favorable a un infierno vacío.

En cuanto a la atenuación de sufrimientos, el Papa se ha limitado a advertir de la necesidad de estar atentos a la índole metafórica de determinadas expresiones que la Sagrada Escritura utiliza. Ya hace veinte años (mayo de 1979), la Congregación para la Doctrina de la Fe en su carta Recentiores Episcoporum Synodi, dirigida a los miembros de las Conferencias Episcopales del mundo entero, explicaba el fuego del infierno como la repercusión de la privación de la visión de Dios sobre todo el ser del condenado. Opinar que con ello se atenúa la seriedad de la condenación, sólo puede hacerlo quien subvalore todo sufrimiento que no sea físico. Lo que sí aparece en esta perspectiva es que la doctrina de fe sobre el infierno no implica una concepción de Dios que se complazca en torturar a sus hijos pródigos con un tormento infligido desde fuera. Es el hombre el que se cierra a Dios y se aleja de Él; la conciencia de haber errado el camino, que será nítida en la otra vida, más el aislamiento escogido por quien pretendió suplantar el puesto de Dios, constituyéndose egoísticamente en centro, implica el dolor eterno. Me cuesta trabajo entender que se considere esta situación como leve.

En cuanto al pretendido infierno vacío, Juan Pablo II lo rechaza. Explícitamente habla de unos condenados que son los ángeles caídos, los demonios, seres espirituales y libres (ignoro cómo ha podido llegarse a escribir que el Papa no afirmaba la existencia del demonio). Con respecto a la condenación de hombres, se limita, sin embargo, a reconocer que la Iglesia no tiene una especie de poder de hacer canonizaciones al revés, es decir, de declarar quién se ha condenado, de modo paralelo a aquel con que declara que un santo se encuentra en la bienaventuranza eterna. Por lo demás, si el infierno es un estado y no un sitio, no puede decirse simultáneamente que se admite el infierno, pero que está vacío; un estado que no se diese en nadie, simplemente no existiría.

¿Tiene el Papa una nueva perspectiva sobre el purgatorio?

Quizás pueda señalarse un desplazamiento de la idea del purgatorio como castigo a la del purgatorio como purificación, pero éste es un tema absolutamente tradicional. La afirmación del Salmo 15, 1-2 sobre la necesidad de no tener mancha alguna para entrar en la morada de Dios, era interpretada ya en el siglo III por Orígenes como referida al tabernáculo celeste. Por otra parte, la más profunda explicación de la teología del purgatorio se debe a una mujer, a santa Catalina de Génova (no se la debe confundir con la Doctora de la Iglesia, santa Catalina de Siena). Para ella, el purgatorio se refiere a almas que han muerto en gracia y que, por tanto, aman a Cristo. Ese amor se hace plenamente consciente al morir. Pero las manchas veniales o de pecados mortales perdonados y no plenamente purificados, impiden el encuentro con el Señor, la persona amada. Quien ama y se ve retardado de poseer a la persona amada, sufre. Y ese sufrimiento lo purifica. El purgatorio puede definirse como la purificación en el amor y por el amor. Este pensamiento es además frecuente en los místicos (por ejemplo, en san Juan de la Cruz) cuando establecen un paralelismo entre la purificación del purgatorio y ciertas purificaciones que tienen lugar en experiencias místicas, llenas de amor entre el alma y Cristo.

Una realidad desagradable y misteriosa

10 Diciembre 2007 Moral y Luces Deja un comentario

Una realidad desagradable y misteriosa, pero necesaria para la libertad del hombre

«Eminencia, ¿por qué los sacerdotes, en sus innumerables homilías (más de 25.000 cada domingo solamente en Italia) no hablan del Más Allá, y sobre todo rehuyen pronunciar una palabra que ha llegado a convertirse en tabú: Infierno? ». A la pregunta, el entonces Prefecto del ex-Santo Oficio, cardenal Joseph Ratzinger, me miró un poco irónico: «la realidad es que hoy todos nos creemos tan buenos que no nos podemos merecer otra cosa sino el paraíso. Esto proviene ciertamente de una cultura que, a fuerza de atenuantes y coartadas, tiende a borrar en el hombre el sentimiento de su propia culpa, de su pecado. Alguien ha observado que las ideologías que predominan actualmente coinciden todas en un dogma fundamental: la obstinada negación del pecado, de la verdad que la fe vincula al Infierno».

Bien consciente que se trata de una realidad misteriosa y desagradable pero no obviable (son las mismas palabras de Jesús: «Y éstos irán al suplicio eterno»). Ratzinger, primero como cardenal y ahora como Papa, no le aplica rebajas al Credo y habló y habla del Infierno, con su tono didáctico y entusiasta, y aquel rostro de infante ochentón. Lo hizo también ayer en una parroquia de la periferia romana, poniendo en guardia a los que aman el pecado, a los que están cerrando las puertas a Dios, en fin a los que quieren irse al Infierno. Por que efectivamente, ahí está el quid de la cuestión: Dios no nos condena, si no que somos nosotros mismos los que lo hacemos, al rechazar -por alguna enigmática autodestructividad- el perdón, la salvación y la gloria.

Hay algo sospechoso en la reacción, frecuentemente violenta, del «mundo», cuando la Iglesia reafirma su convicción en la existencia de una realidad que no puede obviar, está demasiado definida y clara en la Escritura. Incluso para los no creyentes, a quienes sobretodo el Infierno les debería retraer a tiempos de oscurantismo, de una fe rechazable por mirar hacia atrás; en cambio, precisamente en este tema, cierta cultura parece reaccionar agitada e inquieta, no con ironía sino con invectiva. Tanto que, por ejemplo, en Por qué no soy cristiano, se propone como una de las principales razones del rechazo del hombre moderno occidental; Bertrand Russell acabó agarrándose a un escándalo mayúsculo e inaceptable donde los haya: el Infierno.

Semejantes razonamientos olvidan que el Evangelio se llama «Buena Nueva», porque anuncia en Jesús el perdón de Dios, la Redención, la Salvación. Lo que la Iglesia predica, sobre aquel Evangelio, es el Paraíso, la Vida Eterna, la Gloria, la Luz de un Padre que se ocupa de cada uno. El Infierno no es creación de ese Dios de misericordia, sino del hombre. Dios lo ha creado libre, no ha querido esclavos si no hijos, no impone Su propia presencia para respetar la autonomía del hombre. El respeto hasta el final, y por lo tanto también respeto a la posibilidad del rechazo, obstinación y contumacia a la propuesta de alianza y amor, hasta la posibilidad de preferir las tinieblas a la Luz y el mal al bien. Como alguien ha indicado, con una paradoja no infundada, «sin el Infierno, el Paraíso es un campo de concentración»; esto es, un lugar (o, mejor, un ‘estado’ misterioso, más allá del espacio y el tiempo), un lugar de destino obligado, al que nadie puede sustraerse. La vida sería como una vía férrea con un solo origen y un solo final, con la abolición consecuente de la libertad de elección autónoma del propio destino. Directo aunque suicida.

Con la confirmación del respeto al misterio, la Iglesia, haciendo santos y beatos, empeña su autoridad en proclamar que un difunto se encuentra ciertamente en el Paraíso. Pero nunca ha hecho, ni hará, «cánones», es decir, listas, de condenados. Ciertamente, a pesar de las explicaciones, la perspectiva de un castigo eterno, sin rescate, ha provocado y provoca interrogantes y reacciones en la Iglesia misma. Algún teólogo ha supuesto que el Infierno sí existe, pero está vacío. Sin embargo, alguno ha replicado justamente: «es probable que esté vacío. Pero eso no quita que precisamente tú y yo podamos ser los primero en inaugurarlo».

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Hoy se tiene miedo a hablar del demonio

10 Diciembre 2007 Moral y Luces Deja un comentario

¿Cuál es la doctrina católica sobre el demonio? ¿Por qué algunos afirman que no hay que creer en el demonio si no es, según ellos, dogma de fe?

En primer lugar, hay que decir que sí es dogma de fe. Está definido en el Concilio Lateranense IV, en el año 1215, respondiendo a la oposición de los cátaros y albigenses, que se habían instalado en el sur de Francia, y que eran herederos de la concepción maniquea, según la cual existía un principio absoluto del bien y un principio absoluto del mal. El Concilio define que el demonio no es un principio absoluto, sino una criatura limitada creada por Dios, que, por su mala voluntad, se rebeló contra Él. Eso es un dogma del Concilio Lateranense IV. Ahora bien, yo quisiera decir que lo importante de una verdad de fe no es que sea dogma, porque un dogma no es más que una verdad que el Magisterio define, digamos, definitivamente, porque está siendo negada por una determinada ideología o teología. Lo importante de una verdad es que se encuentre en la Sagrada Escritura y en la Tradición, lo que llamamos una verdad de fe divina.

¿Es Satanás una persona o un mero símbolo del mal?

En el Nuevo Testamento se habla del demonoio 511 veces. Eso quiere decir que es verdaderamente una realidad, porque de algo meramente simbólico no se estaría tan pendiente en la Escritura. Pero, sobre todo, si nos fijamos en las palabras del capítulo 8 del evangelio de San Juan, Cristo lo considera una persona; le llama Príncipe de este mundo, Padre de la mentira y Homicida desde el principio. Además, Jesucristo, cuando hace exorcismos, particularmente en el evangelio de San Marcos, lo trata como una persona: Sal de ahí, yo te lo digo, Satanás: sal de ahí, y le llama personalmente Satanás. Además, aparece realmente como el enemigo personal del Reino de Dios que Cristo quiere instaurar. El Reino es la salvación definitiva que ha llegado con Cristo, y que nos libera del pecado y de la muerte y nos introduce en la filiación divina. El enemigo de este Reino no son las legiones romanas. Jesucristo no dice: El Reino de Dios ya ha llegado porque empiezan a marcharse los romanos, sino que, si yo expulso a los demonios con el dedo de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado. Es un logion (dicho de Jesús) tan primitivo, de los más primitivos de las fuentes de los evangelios, que ni siquiera el mismo Bultmann lo niega. Jesucristo, además, se presenta en una parábola como el más fuerte que desposesiona de su poder al fuerte, a aquel príncipe de este mundo del que nos libera en la muerte. Y precisamente dice Jesucristo, en un párrafo estremecedor del evangelio de San Juan: Ahora el príncipe de este mundo es echado fuera. Cuando yo sea levantado hacia lo alto, atraeré a todos hacia mí. Cristo, pues, tiene conciencia de liberar una batalla personal con el demonio, de tal manera que esa batalla comienza con las tentaciones en el desierto, con las cuales el demonio quiere desviar a Cristo del camino de obediencia que le lleva a la Cruz, prometiéndole un triunfo en el sentido mesiánico de los judíos, y esa lucha dura hasta la Pasión. De manera que san Lucas dice, en el capítulo 4 de su evangelio, a propósito de las tentaciones, que le dejó hasta otra oportunidad, que es precisamente cuando Jesucristo está ya en la oración de Getsemaní.

En las religiones antiguas, la creencia en el demonio era bastante común. Algunos, por eso, argumentan que Jesucristo no hizo sino adecuarse a la cultura de su tiempo para hacerse entender por sus contemporáneos.

La pregunta es muy pertinente, pero la respuesta es clara: Jesucristo no se adecua nunca a la cultura de su tiempo cuando piensa que está equivocada. Por ejemplo, según la cultura de su tiempo, tendría que honrar a los fariseos, y no lo hace: exalta a los publicanos, a los samaritanos, coloca a la mujer en un puesto que en su cultura no era aceptable (tiene amigos y amigas, como Marta y María, lo cual era inédito en una persona de bien en aquel tiempo). Rechaza, por ejemplo, la negación de la resurrección que tenían los saduceos. Nunca respeta las costumbres de su tiempo cuando las cree equivocadas. Ahora bien, sabemos que en la apocalíptica apócrifa judía, en el primero y cuarto libro de Esdras y en el primer libro de Enoc, se habla muchísimo del demonio, pero desde un punto de vista teorético: cuántas clases hay de demonios, la jerarquía que hay entre ellos, los nombres que tienen& todo eso no aparece en absoluto en los evangelios. En el Evangelio hay algo radicalmente original: el demonio aparece como el opositor del Reino que Cristo quiere instaurar, aquel que puede perdernos; no interesa ni su número, ni sus nombres: sólo se da el nombre de Satanás. Es algo radicalmente original, porque aparece como el enemigo personal del Reino y de la salvación que Cristo quiere instaurar.

¿Por qué la teología actual habla poco del demonio?

Ciertamente habla poco. Los sacerdotes, en efecto, muy poco. En primer lugar, por ignorancia. Y además hay miedo, una especie de complejo ante el mundo actual, pensando que si nosotros seguimos hablando del demonio, nos van a decir que ése es un lenguaje mítico, y nos van a rechazar. Hay un complejo detrás de la teología y de los sacerdotes. Sin embargo, el Magisterio actual ha hablado muchísimo del demonio: el Concilio Vaticano II habla 18 veces del demonio, en unos textos que realmente estremecen, como cuando dice, por ejemplo, que en el bautismo hemos sido arrancados de la esclavitud del Maligno para vivir en la libertad de los hijos de Dios, siguiendo textos de la Tradición de la Iglesia. Pablo VI pronunció una frase en 1972, cuando se hizo esta pregunta, el día 29 de junio, en la basílica de San Pedro: ¿qué pasa en la Iglesia, que nos las prometíamos felices en el Vaticano II, y ahora estamos inmersos en una tremenda confusión? Esto es el humo de Satanás que ha entrado en la Iglesia, respondió. Lo recuerdo, ya que yo era entonces estudiante en Roma: todos los periódicos ridiculizaron la figura del Papa, salían caricaturas de demonios con cuernos y tridentes. Pablo VI, que era un hombre tímido, sufrió muchísimo. Pero después, ese mismo año, el 15 de noviembre, dio una catequesis sobre el demonio magnífica, que quizás sea la página más bella, más dramática, más profunda que se haya escrito nunca sobre el demonio, y que en la Iglesia la mayoría desconocen.

Con esto del humo de Satanás, no recuerdan lo que le pasó a León XIII: en la misa del rito de San Pío V, que nosotros rezábamos hasta hace treinta años, había una oración en latín pidiéndole a san Miguel Arcángel que nos librara de las asechanzas del demonio. Esa oración, que se decía en todas las misas de toda la Iglesia católica, la introdujo León XIII como consecuencia de una visión que tuvo haciendo la acción de gracias después de la misa, según la cual habría un tiempo en que el demonio entraría en la Iglesia y sembraría la confusión. Impresionado por aquella visión, tomó lápiz y papel y escribió esta oración poniéndola, como digo, en la liturgia de toda la Iglesia. Luego, el Catecismo de la Iglesia católica, que es la recopilación más reciente de la fe de la Iglesia, hace sobre el demonio una exposición muy amplia y muy profunda; tanto, que al comentar las peticiones del Padrenuestro, en la parte última del Catecismo, interpreta la frase líbranos del mal como líbranos del Maligno, porque, efectivamente, el griego apo tou ponerou utiliza el término masculino, y hay que traducirlo del Maligno, como dicen todos los exégetas.

¿Cuándo diría usted que esta confusión sobre la doctrina del demonio se ha metido en la Iglesia?

Yo creo que en el postconcilio. No en el Concilio, que habla claramente del demonio, sino en el postconcilio, cuando la teología adquiere, digamos, una dimensión mucho más positiva, más bíblica, más patrística, teniendo en cuenta la historia del dogma, no meramente especulativa; pero por otra parte, como decía antes, esa teología se hace con un cierto complejo ante el mundo moderno, y lo que hay sobre este tema es realmente una tremenda ignorancia.

¿No cree que ha habido una cierta relajación espiritual que hace que se predique poco sobre la lucha espiritual contra el mal?

Exacto. Pero no hay ninguna vida de un santo, absolutamente ninguna (podríamos citar a santa Teresa, a san Juan María Vianney&) en que no haya habido una lucha personal contra el demonio. Y esto, en la vida espiritual de una persona cristiana, aunque no tenga visiones del demonio, hay un combate espiritual contra el Maligno, como lo tuvo Cristo desde el principio.

¿Por qué tampoco se habla del infierno?

Por las mismas razones por las que he dicho que no se habla del demonio. Porque hay una tremenda ignorancia, y porque se piensa que el mundo nos va a rechazar. Lógicamente, antes se hablaba del infierno de una forma tremendista, metiendo miedo. Ahora se ha pasado de aquella forma amenazadora a un silencio absoluto. Pero el infierno, vuelvo a decir, está en toda la tradición de la Iglesia, está por supuesto en el Nuevo Testamento, y muy bien recogido en el Catecismo de la Iglesia católica.

Hay un complejo de hablar del infierno. Se está empleando hoy en día la idea que expresa más o menos von Balthasar en su libro ¿Qué podemos esperar?, en la que él defiende que podemos esperar, basándonos en textos bíblicos, que todos nos hemos de salvar. Pero von Balthasar se fundamenta en dos textos, Rom 5, 12-21 y Jn 12, 31, que no se refieren en absoluto a la salvación definitiva. Yo quedé sorprendido al ver que su argumentación la apoyaba en esos textos. Se olvidan otros como Lc 13, 22, en los que dice Cristo: Ancha es la puerta que lleva a la perdición y estrecha la puerta que lleva a la salvación. Muchos querrán entrar por ella y no podrán. De lo que se deduce que habrá condenados, aunque la Iglesia no sabe ni cuántos ni quiénes.

¿Cómo es posible que hoy se hable más del demonio fuera de la Iglesia que dentro de ella?

Sí, es curioso. Dijo el cardenal Ratzinger recientemente que fue el cristianismo el que quitó el miedo a los demonios, porque el cristianismo presenta la figura del demonio como una realidad, una persona, limitada, que tiene un poder limitado y que ha sido vencida por Cristo. El cristiano no tiene por qué tener miedo. Ahora bien, en la medida en que se pierde la fe en Cristo, vuelve el miedo a los demonios. Y en el mundo hoy hay una especie de miedo mezclado con morbo, con curiosidad. Es curioso que, a veces, las verdades ya lo dice la Escritura no nos las debemos a nosotros: Dios puede sacar hijos de Abraham de las piedras.

¿No cree que la obsesión por el demonio en la sociedad está empezando a adquirir tintes hasta morbosos?

Efectivamente, en muchos casos resulta morbosa esta obsesión. Pero si la Iglesia fuera valiente, si nosotros los teólogos fuéramos valientes, presentaríamos al demonio justamente en su sitio, es decir, como criatura limitada y vencida por Cristo, y a partir de ahí enfocaríamos el problema. Si hay miedo a la verdad, efectivamente hay morbo y todas las degeneraciones. Y la verdad es la que nos hace libres.

¿Cuál es la actuación del demonio hoy?

Yo muchas veces me pregunto: si fuera el demonio, ¿qué haría hoy? Evidentemente, no haría muchas posesiones diabólicas, porque en un mundo descreído como el nuestro inducirían a creer. Yo haría dos cosas: convencer al clero de que la oración no es tan importante como se decía en otro tiempo, y sembrar la confusión en la Iglesia. Las posesiones diabólicas se dan; yo, en mi libro sobre el demonio, cito dos casos de posesión diabólica, uno de ellos ocurrido en España, que me fue relatado por testigos directos, entre ellos el propio exorcista que lo expulsó. Pero las posesiones son escasas, sobre todo en el terreno de los bautizados; son mucho más frecuentes en territorios de misión, donde el bautismo no se ha extendido todavía, porque indudablemente el bautismo tiene un gran poder exorcista. El demonio, efectivamente, está haciendo esto: convencernos para que dejemos la oración y sembrar la confusión.

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Entrevista al Diablo

10 Diciembre 2007 Moral y Luces Deja un comentario

Septimo encuentro

-¡Es sólo cuestión de tiempo!…

Esta imprevista y perentoria afirmación interrumpió mi lectura de un libro que me estaba interesando mucho. Un grito de pavor me contuvo la respiración. Pero mi Protectora vino inmediatamente en mi ayuda y me puso tranquilo en la escucha. Esta vez el maligno se puso a hablarme con una solemnidad insólita, casi declamatoria: se reveló como el acostumbrado fanfarrón.

- ¡Es cuestión sólo de tiempo! El proceso de destrucción de la Iglesia ya está en camino, una destrucción radical e imparable. Mis planes se cumplirán con una precisión y una puntualidad que os dejará estupefactos. Pronto esta vieja y podrida carcasa seguirá la suerte de tantas otras instituciones que han resistido un cierto tiempo y después han desaparecido…

- ¿Pero no ves, bufón, que siempre vuelves con la misma canción? Te falta siempre toda originalidad y fantasía, incluso para organizar el mal y así en vano intentas darme miedo.

-¿Por qué no me dejas continuar?

- Porque eres tremendamente aburrido. Me pareces un comediante que en la plaza repite siempre las mismas payasadas. Convéncete de que tu insistencia en la amenaza de destruir a la Iglesia no sólo no me impresionas, sino que incluso me haces reír. La Iglesia, aunque está constituida por hombres que tienen sus miserias, es institución de Cristo, le pertenece a El y sólo El la gobierna en sus acontecimientos. En sus designios misteriosos Dios hace que la Iglesia obtenga ventajas incluso de las persecuciones y de las herejías. En el pasado, gracias al surgir de errores heréticos, muchos puntos de la doctrina Católica han sido profundizados y precisados. Por esto la Iglesia mira con serenidad también a los teólogos contestatarios y confusos que hoy abundan. Con relación a ciertos problemas todavía no madurados, estos teólogos pueden tener una indisciplinada sensibilidad pero esto incluso puede ser estímulo para estudiar algunas cuestiones planteadas por ellos mas atentamente y descubrir en el fondo los elementos de verdad y de claridad útiles para el crecimiento de su depósito doctrinal

- ¿Y tú no estás repitiendo las mismas declamaciones?

- Hace más de medio siglo que estás combatiendo contra Dios para hacerle desaparecer de Rusia, ¿lo has logrado? Lo sé, has hecho un mal inmenso a aquellas almas, pero la necesidad de Dios no has logrado quitarla todavía de millones de ellas. Has prometido a aquel pueblo un paraíso en la tierra y lo has hecho tan encantador y deseable que muchos se escapan de él en cuanto pueden

***

- Corres demasiado y en tus locuras te atarán las manos.

- Hoy te quiero decir algo nuevo. Algo de lo que quizás no te hayas dado cuenta. Hoy se ha unido decisivamente a nosotros la Madre de Dios, la Madre de la Iglesia, cuyo solo nombre -no quieres ni oírlo, por eso te lo repito- te hace temblar. Ella que ha dado la primera vez al mundo a Jesús, está ahora trabajando silenciosamente para colocarle de nuevo en las almas que se han alejado de El. Se quiere servir de nosotros los sacerdotes: un grupo escogido de fidelísimos, preparados para inmolarse por su causa. Los está recogiendo de todas partes del mundo, sin ningún aparato organizado, es Ella misma quien les llama dulcemente a reclutarse en su Movimiento Sacerdotal. Les llama sus predilectos. Esta Madre les está trabajando con corazón de Maestra, para entrenarles en la oración, en el amor a Jesús Eucarístico, en la fidelidad total al Papa.

Ella nos ha advertido de una gran tribulación que está llegando, que pronto nos darás gran batalla. En la lucha te enfrentarás con un grupo de sacerdotes asistidos y sostenidos por Ella. Contra tantos que se han dejado seducir por tus artimañas y que has alejado de Ella, María opondrá sus sacerdotes, les revestirá de su potencia. Les hará intrépidos en la hora de la gran purificación. A ellos confía la tarea de defender el honor y la causa de Jesús y de su Iglesia; serán los que acompañarán al Santo Padre en el camino del Calvario para verle vencer por medio de la Cruz. Esta seguridad nos viene de Ella y nosotros la vivimos con alegría…

- Comprendo, ¡todo sobre la falsa línea de las escenas absurdas de Fátima!..

- Precisamente, aquí en Fátima, cuando nuestra Madre bendita ha preanunciado momentos terribles para el Papa, le ha prometido además su protección especial. Ella le defenderá por medio de sus sacerdotes, hombres forjados en la oración y muy amantes de su Rosario: El arma que te huele tan mal y te da tanto miedo. Tienes un terror invencible a todo sacerdote que ora. Continuamente lo experimentas, por eso recurres a todas tus artimañas para distraerle en la oración. Ahora María está preparando no sólo a uno, sino a un ejército de sacerdotes que oran, y que son amantes del Rosario.

Esta Madre Divina no nos engaña. Nos ha advertido muy bien que la hora de la prueba vendrá y que será dura. Pero nos asegura que en el momento en que creas ser el señor del mundo y te sientas seguro vencedor, Ella misma intervendrá para arrebatarte de la mano la presa. Tú serás destronado y al final la victoria sólo será de Jesús. Jesús quiere obtenerla así para tu mayor humillación, por medio de una mujer. Y la victoria de Ella será el triunfo del Corazón Inmaculado en los países sin Dios y en todo el resto del mundo.

***

- ¡Qué rápido eres para desdramatizar! Espera que lance contra vosotros a mis hombres transformados en verdaderos endemoniados. Les estoy preparando y entrenando para el ataque, que será pronto, imprevisto e inenarrable

- Nosotros nos armaremos de nuestra fe y estaremos a la espera. Dios no nos dejará solos. Contaremos con la protección de su Madre

- He obtenido ya de hacerles trabajar al descubierto. No creerán que son manipulados por mí. Hoy ya nadie cree en mi presencia en el mundo. Prueba a hablar de mi acción en medio a vosotros. Te cubrirán de ridículo.

- Sí, en esto eres muy hábil. Pero no todos se han dejado atrapar por tus artimañas. Existe quien cree y advierte éste tu nefasto trabajo en medio del pueblo de Dios. ¡Tenemos aún la oración de la Iglesia contra ti, y recurrimos a ella!.

- ¿Crees que los míos se detendrán ante cuatro perros que ladran?

- ¡Son sacerdotes de Cristo, no perros! Tú lo sabes: Quien durante su vida terrena, te arrojó de tantos pobres hombres poseídos, continúa arrojándote por medio de sus sacerdotes. Las derrotas que vas consiguiendo las conoces muy bien. Conocemos la rabia que te asalta cuando un sacerdote te barre y te ordena abandonar a las criaturas que tú has destrozado para satisfacer tu instinto maléfico. Es un poder comunicado por Cristo a sus ministros, incluyendo el mandato de ejercitarlo: «En mi Nombre arrojaréis demonios». Y nosotros los sacerdotes lo hacemos. En estos choques entre tu poder y el de la Iglesia a nosotros comunicado, el balance para ti es absolutamente un fracaso. Es una experiencia que te aplasta.

- ¡Retórica!..¡Retórica!..¿No ves como todo el horizonte se oscurece? Espera todavía un poco y verás como yo desencadeno un huracán… ¡Todos temblaréis como pobres hojas, y todas serán arrancadas del árbol!

- Veo que conoces bastante bien la fuerza del miedo, la potencia del terror en el doblegar a los hombres a tus deseos. La esclavitud despiadada con que dominas regiones destruidas es invención de tu genio maléfico. Dios nos conquista con el amor y nos impone un peso ligero, tú tienes a los tuyos sujetos con puño de acero y con el asombro. Para que no se te escapen, recurres a las cárceles de hierros. ¡No obra así nuestro Dios! El terror es la fuerza de tu gobierno, que es gobierno de opresión y de odio: ¡Tú mismo lo has dicho! Nosotros no tenemos ningún motivo para temer tus argumentos catastróficos de fin del mundo…

- ¡Estás muy seguro de ti mismo; pero verás!

- ¡Podemos temer todo de nuestra debilidad! Pero es precisamente esta debilidad la que nos hace recurrir a Quien es nuestra fuerza. Nosotros sabemos que en el cielo hay un Padre Omnipotente que nos ama: y es la revelación más tierna y exultante de Jesús. Con la fe en este amor nosotros desafiamos todos los pesimismos que puede inspirarnos la visión de un mundo tan horriblemente descompuesto por ti. Desafiamos todos los miedos que intentas insinuarnos con tus amenazas para desplomar nuestra resistencia al mal. Espíritu mezquino y malvado, ¡Dios está con nosotros! Mientras que tú eres un maldito de Dios. Nosotros tenemos fe en el amor, es esta fe la que te hace temblar, por eso recurres a todas tus artimañas para arrancársela a las almas. Para vencerlas tienes necesidad de desarmarlas

-¡Cuando veáis mis milagros terroríficos…!

-Tú no puedes hacer nada más que simulaciones de milagros. Los verdaderos son el sello exclusivo de Dios. Contra El, que es el Autor de la vida, has organizado hecatombes de muertes; te complaces haciendo millones de víctimas con las guerras atómicas, con las ejecuciones en masa realizadas por los policías de estado, con los abortos que llevan a una escala ascendente que supera todos los exterminios registrados en la historia. Pero olvidas que la muerte ha sido vencida por el Autor de la vida. Al final de los tiempos se hará el balance entre las ganancias hechas por Dios y tus pérdidas.

Aquí el maligno se enfureció. Me vino a la mente la oración del exorcismo ya usada, privadamente, otras veces con éxito para liberar las almas horriblemente vejadas por el maligno. Es una oración para mi uso privado, pero que siempre he experimentado como eficaz. Es ésta:

Señor Jesús, durante tu vida mortal, siempre tuviste una inmensa piedad por las almas poseídas y atormentadas por Satanás, y jamás dejaste de liberarlas con el poder de tus palabras. Diste este mismo poder a tus discípulos y ordenaste que lo ejercitarán, diciéndoles: En mi Nombre expulsaréis demonios. Armados por este Divino mandato, confiando en la potencia de tu Nombre y en la intercesión de María, vencedora del enemigo infernal:

Yo te digo a ti, Espíritu inmundo, que dejes en paz a esta criatura de Dios: por lo tanto, te exorcizo en el nombre del Padre + que la ha creado, del Hijo + que la redimido,+ del Espíritu Santo + que la santificado. Te exorcizo en el nombre de la Bendita Virgen María + que la ha puesto bajo su custodia; en el nombre de San Miguel Arcángel + triunfador de todos los Espíritus rebeldes; y en el nombre de todos los Santos y Santas + que está alma invoca con confianza.

Te ordeno, Espíritu maldito, no yo pobre pescador, sino como sacerdote de Cristo; no por virtud mía, sino por la de Jesús vencedor de todos los enemigos infernales; no con mi poder, sino con el que me ha sido dado por la Iglesia; te ordeno salir de esta criatura de Dios e irte al infierno, preparado para ti y para tus seguidores, en el nombre del Padre +, del Hijo + y del Espíritu Santo +. Amén.

Al finalizar esta oración esperé que el Maligno diese algún signo de reacción pero no se hizo oír más. Me pareció salir de un sueño atormentado. Estaba bañado en sudor, y el alma recobró pronto dulcemente la serenidad.

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SPE SALVI para todos (I)

10 Diciembre 2007 Moral y Luces Deja un comentario

Remedios FalagueraSe que muchos aprovecharan la nueva Encíclica de Benedicto XVI como objeto de mofa y desprecio hacia los católicos. Incluso, muchos la utilizaran para «ajustar las cuentas» con el catolicismo por sus posibles imperfecciones humanas.

Es verdad que todos los católicos necesitamos hacer un examen, no solo individual sino también colectivo de nuestra conducta y comportamientos para mejorarla. Todos nosotros asumimos que ser testigos de Jesucristo lleva una ración doble de responsabilidad en nuestro buen hacer. Por lo tanto, no nos extraña lo que nos aconseja la Spe Salvi: «Es necesaria una autocrítica de la edad moderna en diálogo con el cristianismo y con su concepción de la esperanza. En este diálogo, los cristianos, en el contexto de sus conocimientos y experiencias, tienen también que aprender de nuevo en qué consiste realmente su esperanza, qué tienen que ofrecer al mundo y qué es, por el contrario, lo que no pueden ofrecerle. Es necesario que en la autocrítica de la edad moderna confluya también una autocrítica del cristianismo moderno, que debe aprender siempre a comprenderse a sí mismo a partir de sus propias raíces».

Pero eso, no quita ni pone ni un ápice a las palabras del Santo Padre. Es más, a pesar de que las palabras del Santo Padre se presentan como «Del Sumo Pontífice Benedicto XVI a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a todos los fieles laicos sobre la esperanza cristiana», la realidad es que esto no es así.

La Encíclica habla de realidades tan humanas, que nadie puede sentirse ajeno a ellas. Estoy segura que muchos de ustedes entenderán lo que les digo. Solo necesitan leer estas citas, a modo de ejemplo. No, no se asusten, les aseguro que intentaré que sean cortas, claras y concretas. Eso si, me atrevo a poner la mano en el fuego de que los nobles de corazón, sean cómo sean, sean lo que sean, no me podrán decir aquello de «esto no va conmigo».

Vayamos a ello.

¿Cómo podemos afrontar esta vida llena de encrucijadas y dificultades?: «el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino»

La muerte nos da miedo e intentamos apartarla de nuestra vida como si no existiera, ¿Hay alguna manera de afrontar esta realidad insalvable?: «Tal vez muchas personas rechazan hoy la fe simplemente porque la vida eterna no les parece algo deseable. En modo alguno quieren la vida eterna, sino la presente y, para esto, la fe en la vida eterna les parece más bien un obstáculo… Ciertamente, se querría aplazar la muerte lo más posible. Pero vivir siempre, sin un término, sólo sería a fin de cuentas aburrido y al final insoportable»

«Por un lado, no queremos morir; los que nos aman, sobre todo, no quieren que muramos. Por otro lado, sin embargo, tampoco deseamos seguir existiendo ilimitadamente, y tampoco la tierra ha sido creada con esta perspectiva. Entonces, ¿qué es realmente lo que queremos? Esta paradoja de nuestra propia actitud suscita una pregunta más profunda: ¿qué es realmente la « vida »? (…)). Lo único que sabemos es que no es esto (…) Sin embargo, sabemos que debe existir un algo que no conocemos y hacia el cual nos sentimos impulsados (…) De algún modo deseamos la vida misma, la verdadera, la que no se vea afectada ni siquiera por la muerte; pero, al mismo tiempo, no conocemos eso hacia lo que nos sentimos impulsados. No podemos dejar de tender a ello y, sin embargo…, su desconocimiento es la causa de todas las desesperaciones, así como también de todos los impulsos positivos o destructivos hacia el mundo auténtico y el auténtico hombre.

En efecto, « eterno » suscita en nosotros la idea de lo interminable, y eso nos da miedo; « vida » nos hace pensar en la vida que conocemos, que amamos y que no queremos perder, pero que a la vez es con frecuencia más fatiga que satisfacción, de modo que, mientras por un lado la deseamos, por otro no la queremos.»

¿Puede decirse que hablamos de una esperanza egoísta y exclusiva para los católicos?

En los tiempos modernos se ha desencadenado una crítica cada vez más dura contra este tipo de esperanza: consistiría en puro individualismo, que habría abandonado el mundo a su miseria y se habría amparado en una salvación eterna exclusivamente privada

En el tiempo de Agustín, cuando la irrupción de nuevos pueblos amenazaba la cohesión del mundo, en la cual había una cierta garantía de derecho y de vida en una comunidad jurídica, se trataba de fortalecer los fundamentos verdaderamente básicos de esta comunidad de vida y de paz para poder sobrevivir en aquel mundo cambiante (…)¿Acaso no hemos tenido la oportunidad de comprobar de nuevo, precisamente en el momento de la historia actual, que allí donde las almas se hacen salvajes no se puede lograr ninguna estructuración positiva del mundo?

Se habla mucho de progreso pero, ¿Se sabe realmente qué es y que relación tienen con la razón?:

«Hay dos categorías que ocupan cada vez más el centro de la idea de progreso: razón y libertad.

Todos nosotros hemos sido testigos de cómo el progreso, en manos equivocadas, puede convertirse, y se ha convertido de hecho, en un progreso terrible en el mal. Si el progreso técnico no se corresponde con un progreso en la formación ética del hombre, con el crecimiento del hombre interior, no es un progreso sino una amenaza para el hombre y para el mundo.

Si el progreso, para ser progreso, necesita el crecimiento moral de la humanidad, entonces la razón del poder y del hacer debe ser integrada con la misma urgencia mediante la apertura de la razón a las fuerzas salvadoras de la fe, al discernimiento entre el bien y el mal. Sólo de este modo se convierte en una razón realmente humana. Sólo se vuelve humana si es capaz de indicar el camino a la voluntad, y esto sólo lo puede hacer si mira más allá de sí misma. En caso contrario, la situación del hombre, en el desequilibrio entre la capacidad material, por un lado, y la falta de juicio del corazón, por otro, se convierte en una amenaza para sí mismo y para la creación.

La libertad parece que es la pieza fundamental de nuestra conciencia ética y nuestras decisiones morales, ¿En que afecta al comportamiento social?

  1. El recto estado de las cosas humanas, el bienestar moral del mundo, nunca puede garantizarse solamente a través de estructuras, por muy válidas que éstas sean….) El recto estado de las cosas humanas, el bienestar moral del mundo, nunca puede garantizarse solamente a través de estructuras, por muy válidas que éstas sean.

  2. Quien promete el mundo mejor que duraría irrevocablemente para siempre, hace una falsa promesa, pues ignora la libertad humana. La libertad debe ser conquistada para el bien una y otra vez. La libre adhesión al bien nunca existe simplemente por sí misma. Si hubiera estructuras que establecieran de manera definitiva una determinada -buena- condición del mundo, se negaría la libertad del hombre, y por eso, a fin de cuentas, en modo alguno serían estructuras buenas.

¿Cómo entender que la ciencia está al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la ciencia?

«Francis Bacon y los seguidores de la corriente de pensamiento de la edad moderna inspirada en él, se equivocaban al considerar que el hombre sería redimido por medio de la ciencia….No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por el amor. Eso es válido incluso en el ámbito puramente intramundano. Cuando uno experimenta un gran amor en su vida, se trata de un momento de « redención » que da un nuevo sentido a su existencia. Pero muy pronto se da cuenta también de que el amor que se le ha dado, por sí solo, no soluciona el problema de su vida. Es un amor frágil. Puede ser destruido por la muerte. El ser humano necesita un amor incondicionado…. En este sentido, es verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida»

Pero, resumamos

«A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita de ninguna otra. En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio; la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito determinante para el resto de su vida. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá…. En este sentido, la época moderna ha desarrollado la esperanza de la instauración de un mundo perfecto que parecía poder lograrse gracias a los conocimientos de la ciencia y a una política fundada científicamente. Así, la esperanza bíblica del reino de Dios ha sido reemplazada por la esperanza del reino del hombre, por la esperanza de un mundo mejor que sería el verdadero « reino de Dios »…. Ésta sería capaz de movilizar -por algún tiempo- todas las energías del hombre; este gran objetivo parecía merecer todo tipo de esfuerzos. Pero a lo largo del tiempo se vio claramente que esta esperanza se va alejando cada vez más. Ante todo se tomó conciencia de que ésta era quizás una esperanza para los hombres del mañana, pero no una esperanza para mí. Y aunque el « para todos » forme parte de la gran esperanza -no puedo ciertamente llegar a ser feliz contra o sin los otros-, es verdad que una esperanza que no se refiera a mí personalmente, ni siquiera es una verdadera esperanza. También resultó evidente que ésta era una esperanza contra la libertad, porque la situación de las realidades humanas depende en cada generación de la libre decisión de los hombres que pertenecen a ella. Si, debido a las condiciones y a las estructuras, se les privara de esta libertad, el mundo, a fin de cuentas, no sería bueno, porque un mundo sin libertad no sería en absoluto un mundo bueno. Así, aunque sea necesario un empeño constante para mejorar el mundo, el mundo mejor del mañana no puede ser el contenido propio y suficiente de nuestra esperanza. A este propósito se plantea siempre la pregunta: ¿Cuándo es « mejor » el mundo? ¿Qué es lo que lo hace bueno? ¿Según qué criterio se puede valorar si es bueno? ¿Y por qué vías se puede alcanzar esta «bondad»?

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Jesucristo ¡No es socialista!

10 Diciembre 2007 Moral y Luces Deja un comentario

Nestor Luis AlvarezEn más de una ocasión, los venezolanos hemos tenido que soportar, y sin que nadie con autoridad entre nosotros aclare nada, que se diga públicamente que nuestro Señor Jesucristo es socialista; y hace poco oímos que «es el más grande socialista» de la historia. Pero eso, además de ser ¡una gran falsedad!, es una falta de respeto para con Dios y para con la mayoría de los venezolanos que somos casi todos cristianos. Y para más colmo, la afirmación de esa falsedad pudiera causar confusión en muchos cristianos bien intencionados que, por no tener suficiente formación, o información, pudieran llegar a pensar que eso es verdad, o más o menos cierto.

Veamos, primero que nada, qué es el socialismo.

Según los mismos socialistas, se trata de una teoría o ideología que propone un sistema político y económico donde la sociedad, como una unidad o un todo, se convierte en la principal beneficiaria de los bienes y de los derechos. Es decir, que «la sociedad» debe estar antes y por encima de las personas individualmente consideradas, lo cual garantizaría un máximo de igualdad entre ellos, además de facilitar la desaparición de las clases sociales. Y pongo entre comillas la palabra «sociedad» dentro de esta definición, porque en realidad termina siendo «el Estado».

Durante el siglo pasado, este concepto -que ya no definición- ha sufrido atenuaciones y combinaciones que han servido para hacerla versátil según los esquemas de organización políticos y económicos. Es decir, que en cuanto a la administración de los sistemas de producción (empresa, industria) o control que ejerce esa «sociedad» sobre los sectores económicos y políticos supuestamente puede ser parcial (distintos grados) o total (lo que llaman socialismo real o comunismo). Ese es el fondo de la «redistribución de la riqueza» que, en distintos grados de pureza, postulan todas las doctrinas de izquierda (social-democracia, socialismo, comunitarismo y marxismo[1])

Por otra parte, ya desde el punto de vista de la historia de las ideas, el socialismo es la síntesis de las teorías y prácticas político-económicas que surgieron a partir de la Revolución Francesa (1789), y que siempre ha estado asociada a la categoría política «izquierda»que, a su vez, se vincula al propósito revolucionario de abolir todo «antiguo régimen» y producir una dinámica social progresiva (progresismo).

Ahora veamos qué hay con la doctrina cristiana.

La gran pregunta es: ¿acaso eso que postula el socialismo es lo mismo que nos enseña Jesucristo? La respuesta es, rotundamente NO! Aunque existan cristianos, sacerdotes católicos, pastores protestantes y evangélicos que se identifiquen con el socialismo, hay que aclarar, tajantemente, que el socialismo es, por definición y por su misma práctica, antagónico con la Fe cristiana y con su antropología[2].

La antropología cristiana, que a su vez se desprende de la Verdad revelada por Dios, nos enseña que nuestra naturaleza humana tiene dos atributos fundamentales: la inteligencia y la voluntad (libertad); y, aún cuando todos somos iguales en Dignidad, porque somos igualmente personas creadas por Dios a su imagen y semejanza, resulta que somos, al mismo tiempo, diferentes en cuanto a aquellas potencialidades operativas. En efecto, todos tenemos voluntad e inteligencia, pero en diferentes grados y combinaciones de grados; y por supuesto también cuentan las diferencias accidentales como la apariencia física, habilidades motoras, etc. Y esa realidad depende del misterioso plan de Dios, y por eso no todos somos concertistas de piano, ni inventores del modelo T (Ford), ni tampoco somos Napoleón Bonaparte o Albert Einstein. Entonces, por eso mismo, de modo natural y justo, algunos logran más que otros, y también tienen más que otros.

Así mismo, esa Dignidad humana que todos presentimos como algo fundamental e inalienable, sumado al papel del hombre en el plan de la creación, implica que todo, absolutamente todo, en el orden social y político debe estar ordenado a la Persona como fin absoluto de ese orden social[3]. Es decir, que el Estado y la «sociedad» no pueden estar por encima de la Persona como sujeto, objeto y término (fin) del orden social. Ni el Estado ni la «sociedad» tienen alma, o sentimientos o fin trascendente; la Persona de carne y hueso sí.

Entonces, el socialismo es, básicamente, una rebelde y petulante contestación al Plan de Dios, de modo muy concreto, en la realidad de nuestra naturaleza humana y que en sus ideales propone a la sociedad como entidad que se ubica antes y por encima de la persona.

Para ver claramente la incompatibilidad entre el socialismo y la doctrina cristiana no hace falta acudir al tema propiedad privada, al que dedicaré una reflexión en otra ocasión. Para ello nos bastaría considerar otros aspectos que algunas veces son pasados por alto, o como que no importaran tanto como lo de la propiedad privada concreta. Me refiero a la subsidiariedad y a la iniciativa privada.

Cuando el Magisterio de la Iglesia Católica proclama subsidiariedad del Estado y de las organizaciones que están por encima del individuo[4] -ahora sí me refiero al individuo como tal-, lo hace no con el propósito de adornar de manera suntuaria a nuestra Dignidad Humana, sino como afirmación de los atributos preeminentes de la persona como individuo capaz de iniciativa y de libre desarrollo. Y en efecto, aunque sea tan pocas veces glosada por los escritores católicos especializados en Enseñanza Social, la iniciativa privada, tantas veces proclamada por el Magisterio pontificio, no es una manifestación remota de nuestra Dignidad, sino más bien, una manifestación próxima e inmediata. Si se es fiel a Dios y a su plan; si somos fieles a la doctrina de nuestra Fe y a las enseñanzas de nuestra Iglesia, no queda más remedio que reconocer que esto no admite más que una sola interpretación.

En conclusión.

Un cristiano bien intencionado y de buen proceder podría querer aceptar que existe alguna combinación posible entre cristianismo y socialismo, solo por dos razones: 1- por falta de información o desconocimiento, 2- por arrastrar una cierta “inconformidad”, propia muchas veces de nuestra naturaleza caída, y que, desde sus emociones más íntimas desea que nuestra doctrina se adapte a lo que piensa que es “realmente” justo y «liberador» porque no es verdad que Dios sea tan injusto.[5]

No digo que lo anterior haga que, automáticamente, quienes piensen así sean malas personas; pues, muchas veces se trata, más bien, de buenísima gente. Pero el ser buena gente no nos hace estar en lo cierto, y tampoco impide que arrastremos a otros al error y a la confusión.

Quien quiera buscar explicaciones sobre el por qué para algunos la doctrina cristiana se asemeja o es compatible con el socialismo, las encontrará con facilidad; pues, abundan en los periódicos, en la TV, y hasta en las Universidades. Es muy fácil encontrar a intelectuales con fama de sabios, historiadores reconocidos, sacerdotes, académicos, políticos cristianos, analistas políticos, periodistas, etc. que dirán y defenderán la posible conciliación entre socialismo y la doctrina cristiana.

Ciertamente pueden encontrarse algunas muy aparentes «semejanzas» en cuanto al discurso favorable a los más necesitados, pero sucede que la Fe cristiana lleva a eso por razones totalmente diferentes e incompatibles a la que fundamentan el ideal socialista. Y además, se valen de «medios» también inconciliables: la fe cristiana promueve la justicia y la paz que es posible desde la conversión personal de todos, mientras que el socialismo persigue cambios mediante estructuras políticas y de signo materialista.

Por otra parte, últimamente se oye mucho a los que, siendo tercamente socialistas y marxistas, y para confundirnos, nos quieren convencer de que el socialismo puede ser bueno, porque hay uno malo. Así es ciertamente fácil que algunos vean en esa crítica un gesto de sinceridad que hace cierto lo que dicen. Pero no es así.

Y el mejor argumento según el cual el socialismo bueno es bueno, es porque se realiza en democracia. Pero, para que eso sea así, habría que partir de una premisa equivocada: pretender que la democracia es un fin en sí misma y que, además, debe vérsele como el bien supremo de la sociedad moderna; que entonces todo lo que coopere o se adapte a ella se convierte automáticamente en algo bueno. Pero la democracia no es por sí sola, ni en sí misma, un bien supremo de la sociedad moderna; es tan solo el mejor modelo -eso sí- de organización política y social que, como tal, es un medio que, según el ideal democrático occidental, además del cristiano, debe servir para alcanzar niveles óptimos de condiciones favorables a la realización individual y colectiva (Bien Común). Y como es un medio y no un fin, la democracia sí tiene por encima un ideal fundamental (fin) al que debe estar ordenada, al que debe servir y en el cual encuentra su única justificación: la Persona humana y su inalienable Dignidad; esa misma Persona y esa misma Dignidad Humana que es perjudicada por el socialismo.

De modo que eso de las dos izquierdas y eso de los dos socialismos es, en pocas palabras, una manipulación del anhelo democrático que todos compartimos, para justificar algo que de todas maneras, y desde su fundamento filosófico, es antagónico con la antropología cristiana, y es un error sobre el hombre.

Pero, no se dejen engañar. Fíjense y dense cuenta siempre del nada pequeño detalle de que, quienes pretenden -incluso cristianos- demostrar la compatibilidad entre socialismo y cristianismo, siempre se «hacen los locos» y saltan por encima de la tremenda verdad de nuestra naturaleza humana (seres racionales con inteligencia y voluntad -libres-) que, con su correspondiente Dignidad Humana, determina de modo incontestable, y según el plan de Dios, diferencias naturales e inevitables. Y decir que esas diferencias son injustas sería lo mismo que la ignorante rebeldía decir que Dios es injusto; que tenemos que «enmendarle el capote» con las teorías socialistas.

No podemos quedarnos callados. No se trata de política; se trata de nuestra Fe y de todo aquello que nos es sagrado, fundamental y vital. No se trata de un personaje histórico más como Gandhi o Simón Bolívar, sino de nuestro Dios y Salvador! Por eso me referí a Él como nuestro Señor Jesucristo; porque es nuestro señor, nuestro Redentor, y nunca nos debe parecer raro o exagerado decir así. Si somos cristianos de verdad, esa es nuestra más importante y sagrada Verdad.

Se rinden al cariño que se les da

10 Diciembre 2007 Moral y Luces 1 Comentario

Las personas se rinden al cariño que se les da

Remedios FalagueraDice Benedicto XVI al comienzo de su nueva Encíclica «Spe Salvi» que «el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.»

Por ejemplo: ¿a quién no se le revuelve el estomago al leer los repugnantes testimonios que hemos leído en la prensa sobre las clínicas abortistas y sus procedimientos asesinos? ¿Cuanta gente de bien no se enfurece al ver las caras de los pedófilos cuyas redes desmantela la policía cada semana? ¿Quién no se entristece con las noticias de muertes de mujeres por eso a lo que nos hemos acostumbrado a llamar «violencia doméstica»?

Y todavía hay algo más: ¿cuántos de nosotros no nos sentimos abrumados al observar la degradación física, educativa y moral a la que abocamos – la mayoría de veces por omisión- a nuestros jóvenes?

Pues bien, a pesar de que el mundo está lleno de encrucijadas y dificultades que nos pueden llevar a la depresión o al pesimismo existencial, como lo llaman los entendidos, hoy me he levantado con la intención de buscar algo que me devuelva la ilusión perdida, de reconocer y aceptar al Único que puede recomponer mi corazón hecho trizas e, intentar descubrir a lo largo del día, esos acontecimientos, pensamientos y personas que llenen esa sensación de vacío en el que, desgraciadamente, muchos hombres nos encontramos y buscamos «lo que sea» para escondernos o , lo que es aun peor, huir de nuestras vidas.

Y no se cómo, al conectarme esta mañana al correo lo he encontrado!!!!

Si, la verdad es que era justo lo que necesitaba: una maravillosa declaración de confianza en Dios, confianza en nosotros mismos y confianza en los demás que me ha llenado de serenidad, optimismo y ganas de dar a los que me rodean de lo mucho que recibo.

Se trata de un powerpoint, que bajo el título«LAS PERSONAS SE RINDEN AL CARIÑO QUE SE LES DA» nos narra la anécdota deuna madre, que al preguntarle cuál de sus hijos era su preferido, respondió con una gran sonrisa:

«Nada es más voluble que un corazón de madre. Y, como madre, le respondo:

el hijo predilecto, aquel a quien me dedico de cuerpo y alma…

Es mi hijo enfermo, hasta que sane.

El que partió, hasta que vuelva.

El que está cansado, hasta que descanse.

El que está con hambre, hasta que se alimente.

El que está con sed, hasta que beba.

El que está estudiando, hasta que aprenda.

El que está desnudo, hasta que se vista.

El que no trabaja, hasta que se emplee.

El que se enamora, hasta que se case.

El que se casa, hasta que conviva.

El que es padre, hasta que los críe.

El que prometió, hasta que cumpla.

El que debe, hasta que pague.

El que llora, hasta que calle.

Y ya con el semblante bien distante de aquella sonrisa, completó:

El que ya me dejó…

…hasta que lo reencuentre… »

Vaya: quien quiera que haya escrito este texto ha dado en la diana. Las personas se rinden al cariño que se les da. Un cariño que brota desde lo más profundo del corazón, un amor tangible que nos convierte en especiales, en privilegiados, en predilectos. De tal manera, que «esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino» se convierte en la columna vertebral de nuestra vida.

Porque detrás de cada detalle de cariño, detrás de cada pincelada de confianza, detrás de cada muestra pequeña de ternura,… descubrimos el Amor, con mayúsculas. Un Amor, tan grande y tan asequible para todos, que puede pasar desapercibido sino te empeñas en descubrirlo.