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La Contrición

24 noviembre 2007 Deja un comentario

¿Sigue siendo el elemento primario y más necesario del sacramento de la penitencia y condición indispensable para obtener el perdón de los pecados?

Concepto y necesidad de la contrición

ContriciónEl Concilio de Trento definió la contrición como “un intenso dolor y detestación del pecado cometido, con propósito de no pecar en adelante” (cap. IV). Además, añade que “en todos tiempos ha sido necesario este movimiento de Contrición, para alcanzar el perdón de los pecados” (cap. IV).

La definición implica tres actos de la voluntad (no del sentimiento o de la sensibilidad, esto es muy importante): dolor del alma, aborrecimiento del pecado, propósito. No siempre estos movimientos del alma vendrán unidos a sentimientos sensibles de dolor, pero no por ello dejan de constituir una verdadera contrición.

La contrición es el elemento primario y más necesario del sacramento de la penitencia y fue en todos los tiempos condición indispensable para obtener el perdón de los pecados. Ahora bien, como dice el Concilio de Trento, esta contrición sólo prepara a la remisión de los pecados: “si se agrega a la Contrición la confianza en la divina misericordia, y el propósito de hacer cuantas cosas se requieren para recibir bien este Sacramento” (cap. IV).

Después de instituido el sacramento de la penitencia, el arrepentimiento debe contener el propósito de confesarse y dar satisfacción. Como la contrición es parte esencial del signo sacramental, debe concebirse formalmente siempre que se reciba el sacramento de la penitencia.

Propiedades de la contrición

La contrición saludable ha de ser interna, sobrenatural, universal y máxima en cuanto a la valoración.

  • Interna: cuando es acto del entendimiento y de la voluntad. Pero por ser parte del signo sacramental, debe manifestarse también al exterior.

  • Sobrenatural: cuando se verifica bajo el influjo de la gracia actual (Cf Catecismo 2000 y 2001) y se concibe el pecado como una ofensa a Dios (atención porque esto es muy importante: hay gente que se confiesa de sus “fallos”, pero no ven en sus pecados una ofensa personal a Dios: hay que hacer una verdadera catequesis hoy en este campo). El arrepentimiento puramente natural no tiene valor saludable (Dz 813,1207).

  • Universal: cuando se extiende a todos los pecados graves cometidos. No es posible que un pecado mortal se perdone desligado de todos los demás.

  • Máxima: en cuanto a la valoración: cuando el pecador aborrece el pecado como el mayor mal y está dispuesto a sufrir cualquier mal antes que ofender a Dios de nuevo con culpa grave.

División de la contrición

En la historia de la teología, la contrición se dividía en perfecta (“contritio caritate perfecta”) o, simplemente, contrición en sentido estricto, e imperfecta (“contritio late dicta”), también llamada atrición.

Santo Tomás distingue dos clases de contrición según la relación que guardan con la gracia santificante. La contrición es el arrepentimiento del justo y la atrición es el arrepentimiento del que todavía no está justificado (Cf De Veritate 28, 8, ad 3).

Desde el Concilio de Trento, distinguimos dos tipos de contrición tomando como norma de diferenciación no ya la relación que guardan con respecto a la gracia santificante, sino el motivo que las induce.

Así, la contrición perfecta está motivada por la caridad perfecta para con Dios, y la atrición procede de la caridad imperfecta para con Dios o de otros motivos sobrenaturales (si no, no sería un tipo de contrición, pues esta es una de sus características esenciales, como hemos visto) que se reducen en último término a esta caridad imperfecta.

Es decir, la diferencia no es sólo de grado, sino de su especificidad. Una conclusión de este párrafo es que, cuando se habla del problema tomista de la contrición necesaria para recibir el perdón, no hay que olvidar que el sentido profundo de la división de Santo Tomás difiere del magisterial adoptado desde Trento.

Esencia de la contrición perfecta

El motivo de la contrición perfecta es el amor perfecto a Dios, es decir, amar a Dios sobre todas las cosas por ser Él quien es. Siempre, en la teología espiritual se dice que para llegar a la caridad perfecta ayuda mucho la gratitud, pues el amor de gratitud no mira tanto el beneficio como el amor del que procede el beneficio. La gratitud a Dios por la muerte redentora de Cristo expresa el amor de Dios y es como el centro de todas las explicaciones que Nuestro Padre hace sobre el amor perfecto a Dios.

El amor de concupiscencia es aquel con el que se ama a Dios por el propio provecho. Es primariamente amor a sí mismo y secundariamente -y, por tanto, de forma imperfecta- amor a Dios. Este amor no constituye un motivo suficiente para la contrición perfecta. Sin embargo, la caridad perfecta no exige la renuncia a la propia felicidad en Dios, sino sólo la subordinación del interés propio al interés de Dios. La doctrina según la cual la caridad cristiana consiste en el amor puro a Dios con exclusión de todo otro motivo fue condenada por la Iglesia (Cf Dz 1327 ss. El Papa Inocencio XII lo afirma contra el obispo Fénelon de Cambrai).

Justificación extrasacramental por medio de la contrición perfecta

Es el caso de quien muere sin poder confesarse:

  • Es sentencia próxima a la fe el que la contrición perfecta confiere al que se encuentra en pecado mortal la gracia de la justificación aun antes de que este reciba actualmente el sacramento de la penitencia. El Concilio de Trento declaró: “alguna vez que esta Contrición sea perfecta por la caridad, y reconcilie al hombre con Dios, antes que efectivamente se reciba el sacramento de la Penitencia” (Cf Dz 898). San Pío V reprobó la doctrina de Miguel du Bay según la cual la caridad puede subsistir con el pecado mortal (Dz 1031 y 1070) y la contrición perfecta sólo producía la justificación extrasacramental en caso de peligro de muerte o del martirio.

  • Es de fe que la contrición perfecta solamente opera la justificación extrasacramental cuando va unida al deseo de recibir el sacramento. El Concilio de Trento dice: “sin embargo no debe atribuirse la reconciliación a la misma Contrición, sin el propósito que se incluye en ella de recibir el Sacramento” (“votum sacramenti”) (Cf Dz 989, completa la frase que cité párrafo anterior). La razón es que por medio del “votum sacramenti” se unen entre sí los factores subjetivo y objetivo del perdón de los pecados: el acto del arrepentimiento por parte del penitente y el poder de las llaves por parte de la Iglesia.

Esencia de la atrición

Hay muchos equívocos en el uso de este concepto. Es corriente usar la palabra “atrición” desde el siglo XII, pero su significado ha oscilado mucho en la teología escolástica (ya vimos más arriba una anotación acerca de San Tomás de Aquino). Bastantes teólogos entienden por ella un arrepentimiento que no incluye el propósito de confesarse o dar satisfacción o enmendar la conducta. De aquí que la califiquen a menudo como medio insuficiente para conseguir el perdón de los pecados. El Catecismo de la Iglesia Católica sigue esta línea:

n. 1451: Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar”.

n. 1452: Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama “contrición perfecta” (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental.

n. 1453: La contrición llamada “imperfecta” (o “atrición”) es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia.

La atrición o contrición imperfecta es verdadera contrición, aunque procede de motivos sobrenaturales que podemos denominar inferiores a los que motivan la contrición perfecta. La atrición detesta el pecado (al que considera como ofensa a Dios y no como falta) como un mal para nosotros porque el pecado “mancha” el alma con la culpa y atrae los castigos divinos.

Por ello, como dice el Concilio de Trento, los motivos principales de la atrición son: la consideración de la fealdad del pecado en sí mismo (en cuanto que es ofensa a Dios) y el temor del infierno y de otros castigos (Cf Dz 898). El temor del castigo es, sin duda, el motivo más frecuente de la atrición, pero no el único. Es verdad que especialmente hoy, en que la creencia en el infierno es tan débil, parece que se van acentuando los otros motivos. De todas formas, hay que ver qué tipo de temor motiva la atrición porque ahí está el quid de la cuestión.

  • No es el temor filial que coexiste con la caridad y teme el pecado como ofensa al Sumo Bien al que ama en caridad.

  • No es el temor servilmente servil que sólo teme el castigo, pero persevera en su deseo de pecar.

  • Es el temor simplemente servil que no solamente teme el castigo, sino que teme al Dios castigador (o al hecho de perder para siempre a ese Dios) y en consecuencia detesta todo deseo o propósito de pecar (aquí entra lo que dijimos en la repetición sobre el apego al pecado). La atrición que sirve para disponer a la justificación ha de excluir todo apego al pecado y debe ir unida a la esperanza del perdón.

Carácter moral y sobrenatural de la atrición

La contrición motivada por el temor es un acto moralmente bueno y sobrenatural. Atención a no ser también en esto más protestantes que Lutero ni más “puristas” que Fénelon de Cambray. Para Lutero, la contrición inspirada por el temor al castigo del infierno convertía al cristiano en un hipócrita, en un pecador.

Trento declaró que este arrepentimiento “es don de Dios, e impulso del Espíritu Santo, que todavía no habita en el penitente, pero si sólo le mueve, y ayudado con él el penitente se abre camino para llegar a justificarse” (Dz 898) y en el canon V (Dz 915) añade: “Si alguno dijere, que la Contrición que se logra con el examen, enumeración y detestación de los pecados, en la que recorre el penitente toda su vida con amargo dolor de su corazón, ponderando la gravedad de sus pecados, la multitud y fealdad de ellos, la pérdida de la eterna bienaventuranza, y la pena de eterna condenación en que ha incurrido, reuniendo el propósito de mejorar de vida, no es dolor verdadero, ni útil, ni dispone al hombre para la gracia, sino que le hace hipócrita, y más pecador; y últimamente que aquella Contrición es un dolor forzado, y no libre, ni voluntario; sea excomulgado”.

Por tanto, esta clase de dolor es bueno y sobrenatural (Dz 818, 1305, 1411 y ss., 1525). Aquí también pueden aportar mucho la Sagrada Escritura y los Padres, pero esto lo dejo para quien quiera ampliar más, igualmente todo el problema de la llamada “contrición patibular”.

La atrición y el sacramento de la penitencia

Este es el punto central de la discusión La atrición es suficiente para conseguir el perdón de los pecados por medio del sacramento de la penitencia.

Volvemos al Catecismo:

n. 1453: La contrición llamada “imperfecta” (o “atrición”) es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispone a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia.

A primera vista se percibe que no hay contradicción entre la primera proposición y la última frase de la cita del Catecismo. Vamos por partes.

Es cierto que hubo una corriente muy fuerte a la que se llama “contricionistas exagerados”, entre la que destacan figuras como Pedro Lombardo, Alejandro de Hayes, Miguel du Bay y los jansenistas, que exigía que para recibir el sacramento de la penitencia válidamente se poseyese la contrición perfecta que es inmediatamente justificativa, pero también es cierto que la mayor parte de los teólogos postridentinos han sostenido a capa y espada que la atrición o contrición imperfecta basta para obtener el perdón de los pecados por medios de la confesión sacramental o sacramento de la penitencia.

El Concilio de Trento no dio ninguna definición sobre este punto, pero enseñó de forma indirecta que la atrición es suficiente señalando que la atrición sin el sacramento de la penitencia no es suficiente por sí sola para justificar al pecador, pero que puede disponerle para recibir la gracia de la justificación por medio del sacramento de la penitencia (Cf Dz 898).

Si para la validez del sacramento de la penitencia fuera necesaria la contrición perfecta, ya no sería sacramento de muertos pues el penitente se encontraría ya justificado antes de la recepción actual del sacramento.

Por otro lado, la potestad de perdonar los pecados perdería todo su objeto, pues, de hecho, el sacramento de la penitencia no perdonaría pecados graves (Cf Dz 913). La absolución tendría sólo valor declaratorio, que era lo que defendía Pedro Lombardo. La ordenación tridentina de que “siempre se ha observado con suma caridad en la Iglesia católica, con el fin de precaver que alguno se condene por causa de estas reservas, que no haya ninguna en el artículo de la muerte; y por tanto pueden absolver en él todos los sacerdotes a cualquiera penitente de cualesquiera pecados y censuras” (cap 7, Dz 903) no tendría razón de ser. La institución del sacramento de la penitencia en lugar de hacer más fácil la consecución del perdón de los pecados, no haría sino dificultarla.

Se podría terminar este apartado con algunas notas breves sobre la disputa entre contricionistas y atricionistas, pero voy a dejarlo sólo para aquellos que quieran profundizar más en el tema. Es interesante desde el punto de vista histórico, pero no quiero extenderme más.

Doctrina reciente sobre la contrición

Esperando que no estén muy confundidos después del recorrido que hemos hecho en el capítulo anterior, les preparo aquí un resumen de la doctrina sobre la contrición usando como base la exhortación apostólica postsinodal “Reconciliatio et Paenitentia” del Papa Juan Pablo II.

La contrición aparece como el primero y el más importante de los actos del penitente (cf Catecismo 1450):

Pero el acto esencial de la Penitencia, por parte del penitente, es la contrición, o sea, un rechazo claro y decidido del pecado cometido, junto con el propósito de no volver a cometerlo, por el amor que se tiene a Dios y que renace con el arrepentimiento. La contrición, entendida así, es, pues, el principio y el alma de la conversión, de la metánoia evangélica que devuelve el hombre a Dios, como el hijo pródigo que vuelve al padre, y que tiene en el Sacramento de la Penitencia su signo visible, perfeccionador de la misma atrición. Por ello, «de esta contrición del corazón depende la verdad de la penitencia» (Reconciliatio et Paenitentia 31).

Hay que reconocer que la doctrina de la Iglesia ha tomado a fondo la doctrina de Trento, que ha quedado ya como fija. La teología católica ortodoxa, siguiendo esta línea, ha profundizado en las afirmaciones de Trento y ha abierto varias vías de reflexión interesantes:

  • El objeto de la contrición es el pecado tal y como aparece a los ojos de la fe, es decir, como un rechazo de la apertura a Dios y a los hermanos (este lenguaje de la “apertura” que a mí no me acaba de convencer por su vaguedad es, sin embargo, recurrente en la teología actual), como oposición al plano o designio salvífico del amor de Dios actuado en Cristo, como herida practicada a la eficacia de la misión de la Iglesia.

  • La contrición se estudia hoy en sus dos movimientos: rechazo del pecado, que es un tema que se ha desarrollado mucho con múltiples matices teológicos, y reorientación de la propia vida a Dios que implica una renovada adhesión a la salvación donada en Cristo y vivida en la Iglesia.

A menudo se considera la conversión y la contrición bajo el aspecto de las innegables exigencias que ellas comportan, y de la mortificación que imponen en vista de un cambio radical de vida. Pero es bueno recordar y destacar que contrición y conversión son aún más un acercamiento a la santidad de Dios, un nuevo encuentro de la propia verdad interior, turbada y trastornada por el pecado, una liberación en lo más profundo de sí mismo y, con ello, una recuperación de la alegría perdida, la alegría de ser salvados, que la mayoría de los hombres de nuestro tiempo ha dejado de gustar (Reconciliatio et Paenitentia 31).

La contrición perfecta perdona las culpas veniales y, acompañada del “votum sacramenti”, también las mortales. La necesidad del “votum sacramenti” evidencia como el perdón de los pecados obtenido en el caso de un arrepentimiento perfecto, está intrínseca y ontológicamente conectado con el sacramento de la penitencia y con la gracia que el sacramento confiere.

La contrición, animada por la caridad, se ve no como un acto estático, sino dinámico. Es un camino de conversión y de penitencia con el cual es pecador se deja cambiar por la acción de la gracia (auxilio que Dios nos da para responder a nuestra vocación de llegar a ser sus hijos adoptivos -Cf Catecismo 1996 y 2021-, participación en la vida de Dios -Cf Catecismo 1997 y 2023- que nos hace agradables a Dios – Cf Catecismo 2024-). El inicio de este camino puede ser muy imperfecto (Cf Lucas 15,17-19) hasta llegar a ser consciente de la culpa, a la voluntad sincera de la separación del mal y a la decisión de retornar a la casa del Padre.

En esta luz y en toda la reflexión actual sobre la conversión, se ha penetrado más -a veces con excesos no exentos de superficialidad- en la validez de la atrición o contrición imperfecta como condición suficiente y necesaria para acercarse al sacramento de la reconciliación y recibir el perdón divino, según había afirmado Trento.

Un arrepentimiento -al menos inicial- es necesario e indispensable para recibir válidamente la absolución sacramental. Toca al confesor el discernimiento para valorar la existencia de este presupuesto mínimo e imprescindible. ¿Esto significa que el arrepentimiento debe expresarse necesariamente a través de signos exteriores y visibles? La antigua manualística dedicaba mucho espacio a este particular, basta ver el manual del P. Capello. Hoy, la cuestión no se ve como tan relevante dado el cambio de circunstancias. El alejamiento de la gente del sacramento -muchas veces promovido desde los mismos púlpitos- y la reducción casi a cero de los antiguos usos de las confesiones hechas sólo por convención social o por costumbre, hacen que hoy se pueda pensar que la persona que se acerca al sacramento de la penitencia lo hace por un deseo sincero de confiarse a la divina misericordia.

Tampoco hay que olvidar que el ministro del sacramento no sólo tiene el deber de valorar la sinceridad del arrepentimiento, sino también debe ayudar al penitente a colocarse en el camino de la conversión y, por tanto, si ve que el penitente se acerca al sacramento sin el necesario arrepentimiento, antes que pensar en cerrarle el camino del perdón, debe ayudarle a tomar las disposiciones necesarias que lo dispongan a recibir el perdón. Toda la vida del creyente debe estar orientada a una mayor y constante adhesión a la voluntad salvífica de Dios y a sus designios de amor.

Termino con una frase del Papa que nos puede iluminar:

“El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo «ven» así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a El. Viven pues in statu conversionis; es este estado el que traza la componente más profunda de la peregrinación de todo hombre por la tierra in statu viatoris” (Dives in misericordia 13).

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Encuentro Mundial de las Familias de México en 2009

24 noviembre 2007 Deja un comentario

La Santa Sede prepara el Encuentro Mundial de las Familias de México en 2009

Una ocasión para responder a los ataques contra la institución fundamental de la sociedad

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 23 noviembre 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha comenzado la preparación del Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en la Ciudad de México del 16 al 18 de enero de 2009.

El tema que Benedicto XVI ha adoptado para este encuentro es «La familia, formadora en los valores humanos y cristianos».

El Consejo Pontificio para la Familia, cuyo presidente es el cardenal Alfonso López Trujillo, convocó en la sede de la Academia de las Ciencias Sociales, la Casina Pío IV del Vaticano a 25 cardenales, arzobispos, obispos, expertos y periodistas para informar y discutir sobre los grandes desafíos que la familia afronta en estos momentos.

El cardenal López Trujillo considera que ese encuentro será una oportunidad para reaccionar ante los ataques lanzados contra la familia y para dar aliento a los cónyuges cristianos.

El cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, informó sobre las iniciativas que la diócesis está promoviendo para preparar el encuentro.

«Esperamos –confesó– que, aunque no haya confirmación oficial, el Papa pueda venir en peregrinación a Guadalupe: él lo desea y el pueblo mexicano desea acogerlo».

Con motivo de esta iniciativa, se convocará, entre otras iniciativas, un encuentro latinoamericano al que se invitará a políticos, legisladores, y responsables de la administración pública, para promover leyes a favor de la vida y de los más pobres.

En la carta que envió el 1 de octubre pasado al cardenal López Trujillo para convocar esta cita, Benedicto XVI afirma: «En unos momentos en que se advierte una frecuente disociación entre lo que se dice creer y el modo concreto de vivir y comportarse, este próximo Encuentro Mundial de las Familias se propone alentar a los hogares cristianos en la formación de una recta conciencia moral que, fortalecida por la gracia de Dios, ayude a seguir fielmente su voluntad que nos ha revelado por medio de Jesucristo y que ha sembrado en lo más íntimo del corazón de cada persona».

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La importancia de las palabras en la defensa de la vida

24 noviembre 2007 Deja un comentario

Los partidarios del aborto se han dedicado con todo éxito a practicar ejercicios de semántica. Se sugieren en este artículo términos que debemos usar

La importancia de las palabras en la defensa de la vida

Los partidarios del aborto se han dedicado con todo éxito a practicar ejercicios de semántica. Han dicho de nosotros que estamos a favor del “embarazo compulsivo”, y que ellos apoyan “el derecho de la mujer a elegir”. “Terminar el embarazo” es “algo tan sencillo como una extracción dentaria”. Lo único que hay que hacer es retirar suavemente el “producto del embarazo”, “el feto”, “el embrión”, “la unidad fetoplacentaria”, “el tejido del embarazo”, y “la menstruación se restablecerá”. Nos acusan de querer “imponer nuestra moral” y dicen que la mujer “tiene derecho a su propio cuerpo”, a la “libertad reproductiva”. La mayoría de los partidarios del aborto insisten en que “personalmente se oponen, pero…”. Tienen temor al retorno de las “carnicerías clandestinas”. Ellos hacen hincapié sistemáticamente en el problema de los “embarazos no deseados” y de los “derechos de la mujer”, pero ignoran por completo al pequeño pasajero que la mujer lleva en su seno.

Nosotros estamos a favor del derecho a la vida. Ya desde un principio, decididos a proteger toda vida humana, adoptamos un nombre que se mostró sorprendentemente efectivo. Nos transformamos en la gente del “derecho a la vida”. Esta es la mejor denominación. Úsela siempre, en toda ocasión. También se ha dicho que somos “provida”. Este es, asimismo, un título excelente. Pero muchas personas han usado la expresión provida en otros sentidos, modificando su significado original en la mente de parte del gran público para tratar de incluir a aquellos que trabajan contra la pobreza, contra la guerra, contra la pena capital y contra las armas nucleares. Los partidarios del aborto también sostuvieron, en ocasiones, que eran “provida”. No obstante, nunca hablaron, y nunca lo harán, del “derecho a la vida”.

Seamos positivos, si es posible. Nosotros estamos en favor de la protección de los no nacidos, los discapacitados y los ancianos. Como regla general, y de ser factible, no acepte el rótulo negativo de ser “antiaborto”. Esto que parece una tontería nos sitúa en la postura de “negar su progreso” en lugar de estar a favor de lo que ellos matan. No hay nada de negativo en estar en favor de la vida. ¿Y el rótulo que usan ellos? “Proaborto” es aceptable, pero “antivida” es mejor. Nunca use el “proelección” que utilizan ellos, ya que esta elección es totalmente inmoral, pero queda, en las palabras, como algo bueno. Si lo usa, agregue “para matar” al final de la frase.

¿Qué crece dentro de la madre?

Lo que crece dentro de la madre es un “bebé no nacido” o “un niño no nacido”. “Bebé en desarrollo” también es una expresión precisa desde el punto de vista científico y profesional. A veces se pueden usar otros términos con connotaciones humanas, como “esa minúscula personita”. Evite referirse al bebé no nacido como si se tratara de algo neutro (“esto”, “eso”), y preferentemente use “él” o “ella”. Los términos “feto” y “embrión” despiertan en quienes lo escuchan la imagen de un “protoplasma no humano”. Nunca los emplee. Pero si no lo puede evitar, hable del “feto humano viviente”.

¿Quién lleva a cabo el procedimiento?

Nunca los llame doctor o doctora, ya que no merecen esa dignidad. Tampoco use “cirujano”. Dígales “abortistas” y nunca deje de usar ese término. La palabra abortista implica condenación, criminalidad, matanza. Este es el rótulo que merecen.

“Terminación del embarazo” es una frase propagandística de los partidarios del aborto. Evítela como si fuera la peste, ya que enmascara lo que realmente está ocurriendo. Se refiere solamente a la condición de la madre, ignorando por completo a la criatura que lleva. Más aún, no es específica del aborto. ¿O el nacimiento de cada uno no termina con el embarazo de la madre?

Use la palabra “matar”; hágalo en forma repetida, directa y con frecuencia. Es una descripción precisa y biológica de lo que sucede. Nosotros la usamos cuando pisamos una cucaracha o cuando dispersamos aerosoles sobre hierbas rastreras. Úsela también en este caso. ¿Y por qué no “asesinato”? Este es un término mucho más duro y resulta demasiado fuerte e incluso contraproducente. “Matar”, en cambio, siempre es un término adecuado.

¿Quién lleva al niño en su útero?

Una “madre”. Los partidarios del aborto odian este término. “Mujer embarazada” es correcto, pero “madre” es mucho mejor. El “seno de la madre” habitualmente es mejor que “útero”, ya que induce una imagen de amor, calidez y seguridad.

¿El derecho de tener control sobre su propio cuerpo?

Se le podría preguntar, con cierto humor: “¿Desde cuándo ha estado fuera de control?” Pero mejor sería señalar que eso constituye un absurdo biológico, puesto que más de la mitad (52%) de los bebés nacidos (o abortados) son del sexo masculino. ¿Y quién oyó hablar, alguna vez, de un cuerpo de mujer con órganos sexuales masculinos?

Si el “derecho a su propio cuerpo” fuera aceptado como el credo feminista (derechos de la mujer), entonces serviría o debería servir para proteger a las casi 40.000 minúsculas mujeres españolas muertas anualmente por sus madres como consecuencia del aborto.

Hablar del “lugar de residencia” es un modo atractivo y preciso de hacer recordar el acto de matar, en este país, es legal siempre que el bebé todavía viva en su primer “lugar de residencia”, el útero.

También hablamos de discriminación: discriminación sobre la base de la raza, del color, de la edad, de la capacidad y del lugar de residencia.

La decisión del Tribunal Constitucional siempre debe ser descrita como “la trágica…”, “la salvaje…”, y con otros términos similares.

¿Y las clínicas?

“Clínica de aborto” responde a una sólida propaganda de los partidarios del aborto. Lamentablemente, este término es usado a menudo por muchos miembros de los grupos provida. El término es contradictorio, ya que una clínica es un lugar adonde se concurre para ser curado. Use “lugar de abortos”, si prefiere ser neutral. Pero lo mejor es “cámara de abortos”. ¿Por qué “cámara”? Porque nos recuerda a los centros de exterminio. Uno de cada dos seres humanos que entran en una cámara de abortos es exterminado (la pequeña criatura que se encuentra en el seno de su madre).

La Unión Norteamericana para las Libertades Civiles (ACLU) puede definirse, en forma precisa, como la institución de defensa legal y el arma de ataque de los movimientos antivida. Puesto que es tan selectiva en cuanto a aquellos cuyo derecho a vivir defiende, muchos la llaman “Unión Anti-Libertades Civiles”. Para otros es la “Unión de Libertades Anticristianas”. Es necesario nombrar y explicar qué es Planned Parenthood – Paternidad Planificada – toda vez que se habla del aborto. A veces se la podrá llamar “Infecundidad Planificada”. Y también se podrá hablar de la organización más importante de España (y de casi todos los países del mundo), destinada a la matanza de bebés. Nunca deje de mencionar las más de 53 cámaras de abortos que poseen, y que producen más de 80.000 muertes por año (y van en aumento).

“Embarazo por violación” no es una expresión suficientemente específica. Hable siempre de “embarazo por ataque y violación”, que es extremadamente raro y que es, realmente, aquello de lo cual estamos hablando.

“Eutanasia” proviene de dos palabras griegas que significan “buena muerte”. Los que proponen la eutanasia utilizan este término porque “suena bien”. En realidad, ya no significa más buena muerte, sino “buen viaje”.

De modo similar, “muerte con dignidad” suena bien pero requiere una aclaración. Queremos gente que viva con dignidad hasta el momento en que le llega la muerte natural.

“¿Liberalizar el aborto?”

¡Nunca use esta frase! Para muchos de nosotros, ser liberal implica estar preocupado por aquellos que más ayuda necesitan. En cambio, hable de leyes para el aborto “permisivas” o “radicales”. De modo similar, nunca se refiera a la “reforma” de las viejas leyes protectivas para señalar que en la actualidad se permite matar.

Los partidarios del aborto nos acusan de querer “imponer nuestra moral” a las mujeres. Délo vuelta y diga correctamente: “¿Durante cuánto tiempo más nuestro país permitirá que las madres y los abortistas impongan su moral sobre esos bebés indefensos… para provocarles la muerte?”

El slogan del cual se valen es “Cada niño un niño deseado”. Pero nuestra obligación es completar el significado real de esa oración: “y si no es deseado, mátelo”.

Hable siempre de “aborto por envenenamiento salino”. Nunca diga “aborto salino”. Este es un término de los partidarios del aborto y no refleja lo que realmente ocurre. Siempre – sin excepciones – diga “envenenamiento salino”, porque esto es exactamente lo que mata al bebé.

“Interrupción del embarazo” es una expresión absurda e imprecisa

Si yo interrumpo a alguien, significa que lo detengo transitoriamente, después de lo cual la actividad se reanuda. El aborto es permanente. Provoca la muerte. La “cureta” del abortista no es un “instrumento con forma de cuchara”. Es un “cuchillo de acero con forma de bucle”. La cureta no extrae la placenta mediante un raspado”, sino cortándola y sacándola en lonjas.

En un diccionario, la palabra persona está definida de doce maneras diferentes. Si es Ud. quien la usa, defínala primero. Si son los otros, pregúnteles qué quieren decir con “persona”. Lo mejor para los partidarios de la vida es hablar de “vida humana”.

“¿Concepción?” Algunos la definen como la implantación a la semana de vida. Mejor es usar “fertilización”.

¿Dicen de nosotros que somos partidarios del “embarazo compulsivo”? (Como si hubiese compulsión en permitir vivir a un bebé.) Entonces ellos son partidarios de la “muerte compulsiva”.

Ellos quieren la “libertad reproductiva”; la mujer la tiene y la ha usado. Ahora es una madre y se ha reproducido. El único interrogante en este momento, es si mata o no.

¿El aborto es un tema excluyente al pensar en un candidato político?

No. Pero nosotros lo consideramos claramente como una “cuestión descalificadora” en el momento de votar.

“Aborto terapéutico” siempre se usó para referirse a un aborto que es necesario para salvar la vida de una madre. No obstante esto, el empleo de esta expresión en la primera ley del aborto en California, por los “comités de abortos terapéuticos” del Canadá y por muchos partidarios del aborto en EEUU, ha destruido por completo su significado original. Ahora “terapéutico” quiere decir “electivo”.

Aquí van algunas frases cortas que le pueden ser útiles:

· El aborto es la forma más brutal de maltratar a los niños.
· El aborto es igual a la violencia: opóngase a ambos.
· Los bebés son destruidos dentro del útero.
· ¿Vida significativa? ¿Significativa para quién?
· El aborto es una pendiente que conduce al infanticidio, y el infanticidio a la eutanasia.
· ¿Calidad de vida? No. Derecho a la vida para todos.
· Antes, los abortistas las hacían entrar secretamente por la puerta de atrás. Ahora les dan la bienvenida por la puerta principal.

“Puesto que los hombres no pueden quedar embarazados, no deben opinar sobre el aborto”

Si esto fuera así, los médicos no podrían tratar una enfermedad a menos que primero la padecieran ellos. ¿Cómo hay gente que dirige funerales sin haber muerto previamente? ¿Cómo podemos oponernos al genocidio de Hitler si no somos alemanes ni judíos… o a la esclavitud si no somos ni esclavos ni dueños de esclavos? Frases como las abortistas son tan terriblemente ridículas, y tan poco pensadas por la gente, que desgraciadamente provocan el silencio de quienes deberían reirse a carcajadas ante semejantes argumentos.

“Enfermedad incurable” se aplica, por ejemplo, a todos los diabéticos, porque la diabetes es incurable; mejor hablar de “enfermos terminales”.

¿Vida “potencial”? No, más bien recordar que se trata de vida humana con un vasto potencial.

¿”Venimos” de una adolescente, una niña pequeña, un recién nacido, un feto femenino, un óvulo fertilizado? No. Lo correcto es decir que una vez fuimos una adolescente, una niña pequeña, un recién nacido, un feto, un óvulo fertilizado. Cada uno de nosotros estaba allí, íntegro, en cada una de esas etapas de nuestra vida. Lo único que hicimos fue crecer.

¿”Exceso de población”? Recuerde que España y la mayoría de los países del mundo occidental han tenido durante más de una década tasas de natalidad bien por debajo del nivel de reemplazo.

La “salud” no es lo que pensamos. Tal como la definió la Suprema Corte de los EEUU y tal como la interpreta la ley en todo el mundo, significa “bienestar social, económico y físico” de la madre. Asunto que no se arregla con un aborto, dicho sea de paso, sino con justicia, trabajo, mejores relaciones humanas, etc., etc.

Si alguien “personalmente se opone, pero…” significa que en realidad es partidario del aborto. Mucho más nos gustaría que un funcionario dijera que si bien personalmente está en favor del aborto votará en favor de los derechos civiles de los no nacidos.

Abortar bebés con “impedimentos” equivale a “matar al paciente para matar la enfermedad”. Recuerde que antes del nacimiento y después de él, se trata del mismo paciente y el mismo procedimiento. Eso es eutanasia prenatal.

¿”Deformidad fetal”? ¿”Defecto fetal”? ¿Por qué emplear esos adjetivos “retorcidos” cuando usamos “discapacitados” para los niños ya nacidos? ¿La palabra “deformidad” nos provoca rechazo? ¿”Defectuoso”? En nuestra cultura, las cosas defectuosas, se tiran. El término “discapacitado” evoca una mano que se tiende para ayudar. Emplear “Deformidad fetal” o “defecto fetal” es facilitar la matanza. “Discapacidad fetal”, en cambio, evoca actitudes de solidaridad.

No olvide nunca que abortar como consecuencia de una violación es como “matar a un bebé inocente por el crimen de su padre”.

¿Clínicas de “salud” en los colegios?

Nunca: son clínicas sexuales en los colegios.

Todo esto, que parece no tener mayor importancia que la dialéctica, es por el contrario de sumo valor a la hora de hacer comprender a la gente los horrores que la inclinan a actuar o que deciden apoyar. Ver a nuestros padres como eso, es decir, como “mis padres”, es muy diferente a verlos como “personas que me procrearon”. Lo que parecen meras palabras, terminan generando una actitud y finalmente una acción. Así, los “procreadores” no pueden recibir un mismo trato amoroso que los “padres”, ¿verdad? Simplemente unas pocas letras pueden, con todo el contenido emocional, de la memoria y del aprendizaje que hemos ido asimilando en el tiempo, torcer nuestra comprensión o situarla exactamente en donde debe estar. En el caso del aborto, está claro que hablamos de asesinato intencional. ¿O de qué otra forma puede llamarse lo que ha sido explicado como malo desde todas las ramas de la ciencia médica, la filosofía, la religión y el sentido común y no quiere ser escuchado?

El valor de las palabras queda muy claro a los grupos antivida, que deforman las dimensiones de sus atrocidades con términos técnicos, fríos y carentes de afecto hacia los niños, y blandos, suaves y evasivos hacia los que practican el aborto, las prácticas abortistas y el supuesto derecho a decidir. Nosotros, por lo tanto, no debemos escatimar toda arma legítima para evitar este horror (que ellos camuflan con palabras aparentemente inofensivas), y una de ellas, claro está, es la de llamar a las cosas por su nombre, y entonces: La Verdad nos hará libres.

Santa Flora y Maria

24 noviembre 2007 Deja un comentario

Santa Flora y Santa Maria

Mártires
Noviembre 24

Los martirologios de Adón, Usuardo, Maurolico, del obispo Equilino y el Romano hacen memoria de estas dos vírgenes mártires de Córdoba lo que hace pensar en la repercusión que debió tener el doble martirio en toda la España del siglo IX y explicar la rápida difusión de su culto.

Flora es hija de madre cristiana y padre musulmán. Fue educada por su madre desde pequeña en el amor a Jesucristo y aprendió de sus labios el valor relativo de las cosas de este mundo. Tiene un hermano -musulmán fanático- que la denuncia como cristiana en la presencia del cadí. Allí es azotada cruelmente para hacerla renegar, pero se mantiene firme en la fe. El cadí la pone bajo la custodia de su hermano que ahora tiene el encargo de la autoridad para hacerla cambiar de actitud. Soporta todas las vejaciones y ultrajes a que la somete su hermano siempre con la intención de pervertirla.

María es hija de cristianos que han puesto a su hijo Walabonso bajo la custodia de un sacerdote con el encargo de educarlo en un monasterio; mientras ella entra en el cenobio de Cuteclara. Muerto mártir su hermano, se dirige ahora a la iglesia de san Acisclo después de haber tomado una firme resolución.

Las dos jóvenes coinciden a los pies de san Acisclo. El saludo de la paz les ha facilitado abrirse mutuamente las almas y se encuentran en comunión de sentimientos, deseos y resoluciones. Se juran amistad para siempre, una caridad que dura hasta el Cielo.

Se encaminan con valentía al palacio del cadí y hacen ante él pública profesión de fe cristiana.

Encarceladas junto con prostitutas y gente de mal vivir, son condenadas por los jueces a morir decapitadas, no sin el consuelo, ánimo y bendición de san Eulogio que las conoció. Hecha la señal de la cruz, primero será la cabeza de Flora la cortada por el alfanje, después rueda la de María. Sus cuerpos quedan expuestos, para disuasión de cristianos y demostración de poder musulmán, a las aves y los perros. Al día siguiente los arrojaron al Guadalquivir.

Sus cabezas se depositaron en la iglesia de san Acisclo.

 

 

“Tras las huellas de Joseph Ratzinger”

24 noviembre 2007 Deja un comentario

sábado, 24 de noviembre de 2007

Tras las huellas de Joseph RatzingerNo es éste un libro histórico ni un análisis teológico al uso sobre los lugares en los que el Papa nació y creció simplemente. Se trata más bien de un relato apasionante, un viaje con bloc de notas y cámara fotográfica a la tierra de Joseph Ratzinger, en la que habría pasado los últimos años de su vida de no haber sido elegido Papa. Es un libro lleno de profundas reflexiones, rico en encuentros con personas cercanas y fieles a Benedicto XVI, que contribuyen a perfilar el lado menos conocido de nuestro actual Papa.

La magistral pluma de Alessandra Borghese crea un relato apasionado y sincero que recorre la antigua tierra de Baviera, atraviesa prados, bosques, visita numerosas ciudades históricas, preciosas iglesias del Barroco y famosos santuarios marianos. Esta tierra impregnada de fe, que respira espiritualidad, es la que acogió buena parte de la vida de Joseph Ratzinger. Un hombre orgulloso de su identidad y con una profunda formación religiosa que tiene su arraigo en los orígenes que «Tras las huellas de Joseph Ratzinger» nos muestra.

Una autora de excepción. Alessandra Borghese es descendiente de la antigua aristocracia romana y del Papa Pablo V, gracias al cual su apellido se encuentra visible en la fachada de San Pedro de El Vaticano. Absolutamente desentendida de la fe desde su juventud, la madurez le trajo el redescubrimiento del Misterio, y la catapultó a la fama literaria con sus dos obras anteriores, «Con Ojos Nuevos» y «Sed de Dios», traducidas al francés, alemán, español, portugués y japonés. Ahora, por tercera vez, esta periodista y autodefinida como empresaria cultural se adentra en el mundo más oculto del Papa Benedicto XVI

“Tras las huellas de Joseph Ratzinger”
Autor: Alessandra Borghese
LIBROS LIBRES. Madrid, 2007. 182 páginas. PVP: 16 €
http://www.libroslibres.info/  

Nueva persecución

24 noviembre 2007 Deja un comentario

Investigan a médica inglesa por ayudar a sus pacientes para que no abortenTammie Downes

LONDRES, 15 Nov. 07 / 04:34 pm (ACI).- La agencia LifeSiteNews.com informó que una prestigiosa médica inglesa podría perder su trabajo por ayudar a las mujeres para que opten no abortar. La doctora Tammie Downes está bajo investigación por inconducta profesional luego de declarar en una entrevista concedida al diario británico Daily Mail que ha ayudado a varias pacientes para que desistan de someterse a este procedimiento.

En la entrevista, Downes reveló que cuando tiene pacientes que consideran el aborto las hace valorar lo bueno de tener un hijo.

Estas declaraciones le han valido una investigación emprendida por el Consejo Médico General y podría perder incluso su derecho a practicar la medicina.

El periódico The Guardian informó que la investigación comenzó tras la queja de un médico involucrado con el movimiento pro-choice (abortista) que acusó a Downes de no seguir los lineamientos del Consejo.

Downes ha respondido que ella no persuade a la gente. “Les doy la información y las dejo pensar sobre la decisión que están considerando. Tiene que ser una decisión de la madre, yo no tengo el derecho de decidir por ellas”, indicó y reconoció que cerca de un tercio de sus pacientes desisten de abortar después de conversar con ella.

Para la médica, “es muy lamentable que la gente se sienta amenazada y no se le permita gozar de libertad de expresión. Los pacientes pierden cuando los médicos no se sienten capaces de discutir los pros y contras de un aborto con ellos”.

A 25 años de su visita

24 noviembre 2007 Deja un comentario

Lanzan documental con todos los viajes de Juan Pablo II a EspañaA 25 años de su visita

MADRID, 22 Nov. 07 / 03:28 am (ACI).- Al celebrarse el 25 aniversario de la presencia del Siervo de Dios Juan Pablo II en España, se ha lanzado en ese país un documental que recoge todos los viajes del recordado Pontífice a ese país.

Según los promotores de este material en vídeo, “este programa selecciona los momentos más emocionantes de sus populares visitas a la península ibérica, sus encuentros con jóvenes y todo tipo de públicos, así como sus mensajes más fuertes”.

“También ofrece una síntesis rápida de su vida, desde los días aciagos de la Guerra mundial y la opresión nazi, hasta su labor tenaz bajo la hostilidad del régimen comunista. Culmina en la apoteosis de su elevación a la Silla de Pedro y su increíble pontificado que bate todos los récords históricos”, indican.

Este DVD da cuenta de los cinco viajes del Papa Peregrino a España realizados en 1982, 1984, 1989, 1993 y 2003, cuenta con una introducción de Paloma Gómez Borrego, periodista española que acompañó a Juan Pablo II en todos y cada uno de sus viajes en todo el mundo; y tiene un costo de 12 euros.

Para adquirirlo puede ingresar a:

http://www.goyaproducciones.es/productos/product_info.php?products_id=5&osCsid=edee55bca21881d5bbf8e39d957249ba 

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